Panorama de la SAN en Latinoamérica
Source: flickr user: AmslerPIX
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Regiones de América Latina están afectadas por la triple carga de la desnutrición, con altas tasas de desnutrición, inseguridad alimentaria y obesidad simultáneamente. Sin bien existen grandes avances en la lucha contra las dos primeras, la incidencia del sobrepeso es creciente. En el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de 2016 publicado a principios de este año, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura realizan un análisis de las causas y evolución de estas aflicciones en la región.

Una de las principales realidades observadas es que a nivel hogar han cambiado los patrones de alimentación, con el incremento del acceso a alimentos industrializados con alto contenido calórico y bajo valor nutricional, en detrimento de alimentos frescos para preparación doméstica. Los expertos señalan esto como consecuencia del crecimiento económico, donde se dieron simultáneamente mayor industrialización del sector alimenticio y cambios estructurales en el mercado laboral, lo que afectó la dimensión doméstica de los hogares.

Para poder realizar un estudio exhaustivo, el reporte analiza entonces cada una de las dimensiones de la SAN por separado. La primera dimensión, la Disponibilidad de Alimentos implica la existencia suficiente de los mismos, por lo tanto, aborda aspectos de la producción agroalimentaria y el comercio internacional. En la región, la producción de alimentos es suficiente, aunque se requiere incluir tecnologías para garantizar la sostenibilidad medioambiental, así como la mitigación y adaptación al cambio climático. Políticas de diversificación de producción familiar son unas de las mejores herramientas para conseguir este objetivo.

La región está integrada al comercio agroalimentario con un claro perfil de exportador neto, en 2015 se exportaron casi 204 mil millones de dólares, e importaron 77 mil millones. En Guatemala, las exportaciones agroalimentarias para 2015 representaron casi 5000 millones de dólares, mientras que las importaciones fueron 2500 millones. Similarmente, en Honduras las exportaciones e importaciones agroalimentarias fueron 2500 y 1500 millones de dólares respectivamente. Haciendo más detalle en la disponibilidad de grupos de alimentos en gramos por día por persona, se observa que, por ejemplo, a nivel mundial el promedio de gramos de cereales diarios por persona es de 400, mientras que en Guatemala, Honduras y El Salvador es de 350. Estos tres países también muestran drásticas deficiencias en el acceso a proteína animal, frutas y verduras, con alta disponibilidad de azúcares y legumbres, muy por arriba del promedio mundial sobre todo para los carbohidratos simples (azúcares). Políticas que afectan esta dimensión se refieren a aquellas de promoción de diversificación de la producción de alimentos y aquellas que afectan los regímenes de aduanas que afectan las importaciones.

El Acceso a los Alimentos conforma la segunda dimensión, y se refiere a la capacidad de un hogar de comprar, producir y adquirir los alimentos necesarios. Esta dimensión está entrelazada con la pobreza y la desigualdad. Si bien las tasas de desempleo en Centroamérica son bajas, existen grandes brechas en la participación laboral de hombres y mujeres. En el área rural de El Salvador, Honduras y Guatemala, estas diferencias son mayores, se observa que prácticamente la totalidad de los hombres participan del mercado laboral, mientras que la tasa de participación femenina ronda apenas por arriba del 30 por ciento; aunque la misma aumentó casi un 10 por ciento entre 2005 y 2014 en Honduras. En la región se observa una leve apreciación de los salarios medios reales, acompañando los crecimientos nacionales pero la capacidad adquisitiva de los hogares se encuentra limitada por el aumento de los precios, en Guatemala durante 2016 la inflación alimentaria ha rondado el 10 por ciento mensual.

La pobreza tiene una gran incidencia en la región, datos de 2014 para El Salvador, Honduras y Guatemala la notan en un 42, 74 y 68 por ciento respectivamente, mientras que la pobreza extrema se registra en un 12, 50 y 46 en dichos países. América Latina se destaca por sus altas tasas de desigualdad, y lamentablemente, los países de Centroamérica no son excepción. En Honduras, Guatemala y El Salvador, el 20 por ciento más pobre de la población no acumula el 5 por ciento de los ingresos nacionales, mientras que el más rico, acumula el 50 por ciento de los mismos en El Salvador y el 60 en los otros dos países. Un análisis del costo de producción de los alimentos muestra que, en Guatemala, producir verduras es mucho más caro relativamente que bebidas azucaradas. Así, las políticas sugeridas en esta dimensión se enfocan en mejorar los ingresos de los hogares, con énfasis en la utilidad de las transferencias monetarias y programas sociales de distribución.

La tercera dimensión está constituida por la Utilización de los Alimentos, lo que es la habilidad para transformar los mismos y obtener buena calidad alimentaria afectando las condiciones alimentarias y la salud de los individuos. En esta dimensión se aborda la problemática de la desnutrición desde una perspectiva de la preparación y selección de los alimentos a consumir. Como hemos abordado previamente, los países de la región tienen graves problemas de desnutrición crónica, estimándose que para 2025 la tasa en Centroamérica de la desnutrición crónica baje hasta el 11 por ciento, afectando 1.7 millones de niños. Por otro lado, la prevalencia de la obesidad en menores de 5 años también está creciendo, en El Salvador, Honduras y Guatemala oscila alrededor del 5 por ciento, aunque por debajo del promedio latinoamericano. La desnutrición es una enfermedad de la pobreza, observándose en Guatemala y el Salvador, el 66 y el 31 por ciento de los niños del quintil más pobre del ingreso sufren de la desnutrición crónica, muy por arriba de los niveles observados en el 20 por ciento de los hogares más ricos. Como contracara, se observa que las tasas de obesidad infantil son más altas en los sectores más ricos de la sociedad.

En los últimos 15 años, las ventas en miles de toneladas de alimentos ultra procesados aumentaron casi un 50 por ciento en América Latina, contrastado con el 2.3 por ciento de América del Norte. En Guatemala, este crecimiento fue del 25 por ciento. Esto implica que al menos, el cambio de dieta acompañó a los cambios de las tasas de obesidad. Las políticas que pueden afectar esta dimensión son aquellas que se refieren a la mejora de las condiciones sanitarias de la población, así como de la salud nutricional, incluyendo la bio-fortificación de alimentos y la educación de la SAN.

La última dimensión es la Estabilidad de las dimensiones anteriormente descriptas, que implica la garantía en todo momento de que las anteriores dimensiones sean cubiertas para todos los hogares. En esta dimensión, se analiza la situación de los recursos naturales, así como los efectos del cambio climático y la vulnerabilidad a emergencias naturales. Además, también se incluye las pérdidas y desperdicios de los alimentos. En América Latina, la gran mayoría de estas se lleva a cabo durante la etapa de producción y post-cosecha.  Así, las políticas relevantes se concentran alrededor de la respuesta y mitigación al cambio climático, así como la gestión de los recursos naturales y la reducción de las pérdidas y desperdicios de alimentos. Finalmente, el documento realiza una recomendación final, analizando políticas de iniciativas para la promoción de la alimentación sustentable.

Por más detalle, se puede consultar al documento en su totalidad en el siguiente enlace.

Escrito por Florencia Paz. 

Crédito de la foto:flickr user: AmslerPIX