Migración e Inseguridad Alimentaria en el Corredor Seco
Source: Flickr, IM Swedish development
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Continuando la labor del reporte “Hambre Sin Fronteras”, el equipo de investigación responsable coordinado por el  Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha publicado un nuevo documento profundizando el análisis de la compleja relación entre violencia, emigración y seguridad alimentaria en los países del triángulo centroamericano, en particular dentro del Corredor Seco. 

Entre 2010 y 2014, la cantidad de inmigrantes aprehendidos en la frontera con México de los Estados Unidos, ha aumentado de 50.000 a 250.000. Las tendencias notan que, si bien la mayoría son adultos, cada vez es mayor la proporción de menores no acompañados. Además, dados los altos costos asociados con la migración, los individuos deportados tienen una alta probabilidad de volver a intentar cruzar la frontera. La mayor parte de los inmigrantes de Guatemala, Honduras y El Salvador que han sido devueltos a las autoridades mexicanas son en su amplia mayoría hombres (casi el 80 por ciento), y la mitad de los mismos trabajaba en el sector agrícola. Estos individuos reportaron como principales motivos para migrar a la falta de empleo, los bajos ingresos, violencia e inseguridad. El reporte nota a  forma de observación, los picos de mayor entrada a los Estados Unidos por parte de migrantes centroamericanos coincidieron con déficits de precipitaciones en la región de origen.

El reporte además involucró tres equipos nacionales en cada país para visitar 22 comunidades pre identificadas como focos de emigración hacia los Estados Unidos. Se llevaron a cabo allí discusiones dirigidas con 44 grupos focales de hombres y mujeres, mientras que se implementó una encuesta entre hogares donde algún miembro ha migrado recientemente para evaluar la situación de seguridad alimentaria. La conversación con los grupos focales permitió también identificar como principales motivos de emigración en los tres países a la pobreza y el desempleo, en particular en El Salvador se le suma la violencia, en Guatemala, las pérdidas agrícolas, y en Honduras la búsqueda de un mejor futuro. La reunificación familiar es un motivo emergente, sobre todo en los casos de los menores de edad. Así, del trabajo se desprenden como factores de expulsión a factores ambientales, como ser pérdidas de cosechas por sequías y cambio climático, y factores socioeconómicos, tales como la falta de oportunidades económicas, la violencia y la inseguridad alimentaria.

La mayoría (78 por ciento) de los hogares encuestados afirmaron recibir remesas, y casi la mitad (42 por ciento) identifica a las mismas como la única fuente fija de ingresos. El dinero se emplea en su mayoría para adquirir alimentos, invertir en la agricultura y pequeños negocios, así como gastos en educación y salud. Cuando la emigración no es exitosa, las deudas incurridas se agregan a las carencias económicas sin tener el sosiego de las remesas. Esto es principalmente problemático para los hogares más pobres que no tienen el dinero para afrontar los costos de los traficantes de antemano, empleando las parcelas y propiedades como garantía de pago. Así, los costos asociados con el proceso de la migración pueden conllevar un impacto negativo en los familiares que permanecen en las comunidades, dado que a menudo deben cubrir las deudas incurridas para migrar.

Para analizar la relación entre la migración y la seguridad alimentaria, se aplica el Índice de Seguridad Alimentaria que combina información de consumo de alimentos en un período especificado y la capacidad de enfrentamiento (que tiene en cuenta tanto los gastos en alimentos, así como el grado de desprendimiento de activos). En base a la información obtenida, se observa que el 47 por ciento de los hogares encuestados padecían inseguridad alimentaria, niveles que probaron ser los más altos registrados aún al comparar con lo relevado durante El Niño.

La capacidad de afrontamiento limita el potencial de los hogares para cubrir la inseguridad alimentaria, los hogares ponen en marcha distintas estrategias de afrontamiento. Como las necesidades de los hogares han sido acumulativas, más del 70 por ciento de los hogares ya se encontraban aplicando estrategias de emergencia para la supervivencia, que incluyen vender activos de producción como es la tierra y animales de granja. Esto significa que los hogares no tienen más planes de respaldo para hacer frente a las crisis alimentarias. Ese tipo de estrategias, son las de último recurso, previa migración total del hogar.

De forma similar a lo anteriormente encontrado por Feed The Future en Honduras, la diversidad de la dieta en la región es baja, acompañando el bajo consumo alimentario. En Guatemala, el 42 por ciento de los hogares tiene un consumo alimentario insuficiente. Esta inseguridad alimentaria está en parte fomentada por la pérdida de miembros productivos, o el retorno de los mismos con costos incurridos, en ambos casos sin haber obtenido las remesas. Así, la relación entre migración e inseguridad alimentaria puede volverse cíclica.

En El Salvador y Guatemala, se observan diferencias de acuerdo a la situación de migración en la proporción de hogares que reciben asistencia alimentaria. Así, la proporción de hogares que perciben asistencia alimentaria antes de la partida de un miembro del hogar es mucho mayor que la de aquellos que percibieron la asistencia después de la partida (cuando es posible ya percibir remesas), por lo que se puede indicar que los hogares emplean a la migración como estrategia de lucha contra la inseguridad alimentaria.

Si bien la entrada de remesas es un impacto positivo de la emigración exitosa, también existen impactos negativos, como ser el cambio en los roles dentro del hogar. Cuando un hombre migra, las mujeres asumen las responsabilidades productivas además de las domésticas que ya llevaban a cabo. Los niños, a menudo suspenden su escolarización para trabajar y contribuir a los ingresos del hogar. Esta vulnerabilidad hace que las familias de migrantes se vuelvan también dependientes de la ayuda social para su supervivencia.

Los autores entonces realizan recomendaciones basadas en las observaciones anteriormente descriptas. Por un lado, para prevenir la emigración es necesaria la inversión en iniciativas de adaptación al cambio climático, para aumentar la resiliencia de los hogares ante las sequías y eventos extremos. Esto incluye el desarrollo de sistemas financieros que permitan el acceso a insumos agrícolas y nuevas tecnologías, así como la capacitación para la gestión del recurso hídrico y otros tipos de riesgo. Por otro lado, es necesario adelantarse a las crisis migratorias para responder con asistencia ante las primeras señales. Además, se necesita mejorar el alcance de la protección social para cubrir a los hogares vulnerables, ya sea porque tienen alta probabilidad de migrar o tienen algún miembro que ha migrado recientemente. Finalmente, para favorecer el mejor provecho de las remesas se recomienda favorecer canales de inversión apropiados.

Más información puede obtenerse en el reporte final, que puede accederse en el siguiente enlace, o en la versión corta del mismo, a encontrarse aquí.

Escrito por Florencia Paz.

 

Crédito de la foto:Flickr, IM Swedish development