Participación de la Mujer en la Agricultura
Source: CIAT (Neil Palmer)
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Dentro del Acuerdo de París firmado en 2015, Colombia se ha comprometido a disminuir para 2030 en un 20 por ciento las emisiones de gases invernaderos. Además, globalmente, la producción de arroz es de por sí responsable de un 10 por ciento de las emisiones de gases invernaderos de origen agrícola. Por ello, investigadores del CIAT y otros colaboradores han desarrollado y aplicado en este país una técnica nueva que permite a los productores de arroz emplear menos agua. Para aplicar la técnica de uso alterno de humedecimiento y secado (AWD por sus siglas en inglés), es necesario sin embargo consideraciones sobre la factibilidad de que los productores la adopten. Teniendo en cuenta esto, los autores investigan, dado que cada género cumple roles distintos, si la adopción de la tecnología afectará la división del trabajo entre género.

El AWD es una de las técnicas desarrolladas bajo la Agricultura Climáticamente Inteligente (ACS), que ahorra un 30 por ciento del uso de agua, con una disminución del 48 por ciento de emisiones de gas metano. En contraposición con la práctica normal de permanente inundado, AWD implica la alternancia de períodos de donde la parcela se encuentra inundada, y períodos donde está filtrada, aunque con suficiente humedad de suelo de forma tal de no impactar los cultivos.

Para garantizar el éxito de las intervenciones de la ACS, se necesitan considerar otras dimensiones además de la producción, como ser climáticas, políticas, y sociales. Como hemos explicado anteriormente, el enfoque de género es importante porque a menudo, la introducción de las tecnologías agrícolas se enfoca sólo en las buenas prácticas, sin tener en cuenta si existen diferencias de acceso e impacto entre hombres y mujeres. El trabajo en la parcela es diferente para cada género, por ende técnicas que ahorran trabajo puede perjudicar a individuos pobres asalariados porque desplazan la necesidad por su empleo, pero si este trabajo fuese de naturaleza no remunerado (trabajo en finca propia), la tecnología les liberaría tiempo para otras actividades. En el portal hemos discutido así, la importancia de las consideraciones de los roles de géneros en el labor rural, así como en los esfuerzos de mitigación contra el cambio climático.

En la producción de arroz en Latinoamérica, se observa también que a menudo la labor de las mujeres y su partición en las decisiones no es reconocida, en parte dado el sesgo cultural que define el trabajo de las mujeres como perteneciente al ámbito doméstico, y al de los hombres con naturaleza productiva. Sin embargo, evidencia del Perú demuestra a las mujeres participan del trasplante de plantas, y en Bolivia en actividades de control de malezas. Para definir la situación en Colombia, se encuestaron a 600 hogares que producen arroz irrigado entre marzo y abril de 2016, en 5 departamentos del país empleando información censada por FEDEARROZ. Se entrevistó una persona por hogar, que en su mayoría fueron hombres (sólo 9 por ciento de los respondientes fueron mujeres), pero aún así se pudo generar análisis de género.

Los hogares encuestados son en general educados (33 por ciento tiene por lo menos un miembro con educación universitaria), expertos en el cultivo (produjeron arroz en promedio por 23 años) y con baja probabilidad de tener ingresos por debajo de la pobreza. El cultivo de arroz es exclusivo, el 96 por ciento de los hogares vive principalmente de este producto, y muy pocos hogares tienen algún tipo de diversificación productiva agrícola, incluso el 70 por ciento produce en monocultivo. Además, la mano de obra del hogar se estructura alrededor de esta actividad, sólo el 18 por ciento de los hogares tiene al menos un miembro con un trabajo fuera de la producción familiar.

Respecto a los resultados de las encuestas, sólo el 8 por ciento de los hogares reconocen a una mujer como la principal productora de arroz, pero al analizar cada actividad agrícola más de forma más profunda, en el 21 por ciento de los hogares se admite que ellas contribuyen en la toma de decisiones. En total, el 23 por ciento de los hogares tienen mujeres participando del proceso de toma de decisiones como productoras principales, productoras, tomadoras de decisiones y/o consejeras, ya sea solas o en conjunto con los hombres. Además, 32 por ciento de los hogares identificaron a mujeres como dueñas o co-propietarias de una parcela.

Las mujeres tienen una probabilidad más alta de participar en actividades “estratégicas”, como ser qué cultivo plantar, cuándo hacerlo y qué parte de la producción dar a cada destino (comercialización, consumo, etc.) que en actividades de producción (preparación de la tierra, trasplante, siembra). En cuanto a las etapas, las mujeres suelen participar menos en el proceso antes de que se tome la decisión (durante negociaciones) y más a la hora de tomar la decisión final. En actividades como de trasplante y cosecha, las mujeres participaron un poco más.

Así, la invisibilidad de la participación de la mujer se hace evidente, los autores reconocen que la respuesta depende de cómo se estructura la pregunta, por ejemplo, cuando se interroga sobre quién es el productor principal, el grado de participación femenina es mucho menor comparado cuando se consulta sobre la toma de decisiones para cada actividad agrícola. Las mujeres no reconocidas se concentran en hogares donde además son las que desarrollan principalmente las actividades domésticas, con el 75 por ciento de las mismas siendo amas de casa que destinan 14 horas semanales a los quehaceres del hogar.

Analizando los posibles mecanismos de promoción de AWD en Colombia, a diferencia de otros países productores de arroz, los productores no tienen incentivos a reducir el uso del agua, dado que el servicio se paga por extensión de la finca y no volumen usado. Además, el servicio es de por sí barato comparado con otros costos de producción, y no reportan al momento tener incentivos económicos o no económicos para reducir el uso de agua. Estas respuestas difieren para hombres y mujeres, por ejemplo, hogares donde el jefe es hombre y no hay mujeres productoras menos incentivos y más acceso a la información que los hogares con productoras. Esto se relaciona con la naturaleza del trabajo de la mujer de ser en fincas familiares, por ende, tecnologías como AWD permiten de liberar tiempo para otras actividades, y por otro lado, la falta de información resalta la falta de acceso de las mujeres a los servicios de extensión. El AWD podría afectar la posibilidad de empleo en otras fincas, actividad llevada a cabo principalmente por hombres, pero que también tiene consecuencias en los ingresos del hogar. El reporte completo puede encontrarse en el siguiente link.

Escrito por Florencia Paz.

Crédito de la foto:CIAT (Neil Palmer)