Los pueblos indígenas en Centroamérica
Source: IM Swedish Development
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Los pueblos indígenas forman parte de la identidad del continente latinoamericano, pero suelen estar altamente representados entre los grupos más vulnerables. La evolución de las democracias latinoamericanas en este último siglo no siempre ha ido acompañada de la mano de la inclusión social y económica de los pueblos indígenas, por lo que en el marco de la Conferencia Mundial sobre los Pueblos Indígenas, la CEPAL ha publicado un libro haciendo un profundo análisis sobre las desigualdades que enfrentan y las necesidades particulares, sobre todo en el ámbito de sus derechos.

La definición establecida mediante el Convenio sobre Pueblos Indígenas y Tribales de 1989 de la Organización Internacional del Trabajo permite identificar cuatro dimensiones a la identidad indígena. Estas son: el reconocimiento de la identidad, el origen común, la territorialidad y el aspecto lingüístico-cultural, fundamentales para la identificación de los pueblos indígenas en los sistemas estadísticos. Dadas estas cualidades particulares, en general la real visibilidad estadística de los mismos se logra sólo durante los censos, dada la naturaleza universal del mismo. En la región, los últimos censos se realizaron en 2007 en El Salvador, 2002 en Guatemala y 2013 en Honduras, pero hay previsiones para realizar una nueva edición en El Salvador y Guatemala en el futuro cercano.

Según censos y estimaciones siguientes, en el año 2010, se estima que, en el continente latinoamericano de los 500 millones de individuos de la población total, más de 44 millones pertenecían a los pueblos indígenas. La ubicación de los pueblos indígenas está concentrada geográficamente, a veces ocupando espacios transnacionales, por lo que los resultados por país varían. En El Salvador, se estima que, para 2010, eran casi 15 mil individuos los pertenecientes a los pueblos indígenas (representando el 0,2 por ciento de la población total), en Guatemala casi 6 millones (o el 41 por ciento de la población total) y en Honduras medio millón de personas (o el 7 por ciento de la población total).

En cuanto a la identificación de cantidad de pueblos indígenas, la variabilidad es nuevamente muy alta entre países. En El Salvador, se contabilizan solo 3 y en Honduras 7, mientras que en Guatemala existen 24, de los cuales 3 son pueblos indígenas (maya garífuna y xinca) y 22 son comunidades lingüísticas dentro del pueblo maya. Brasil, en el extremo, identifica 305 pueblos indígenas distintos. El tamaño de los pueblos mismos no es homogéneo, de los 6 millones de individuos que se identifican como pertenecientes a pueblos indígenas en Guatemala, 1,3 millones son k´iché, 852 .000 son q´echi´y 833.000 son kaqchikel.

La población indígena ha aumentado sistemáticamente de forma mayor a la población no indígena, en parte por mayores tasas de fecundidad, y tasas de mortalidad en descenso. A partir de estimaciones de la CEPAL, se puede establecer que la tasa de crecimiento del población indígena es de alrededor de 4,1 por ciento anual en los últimos 10 años, mientras que la población total de Latinoamérica aumentó en un 1,3 por ciento.  Sin embargo, se han observado que las tasas de fecundidad si bien son altas también están cayendo, evidenciando cambios en las pautas reproductivas, por lo que se sitúan a los pueblos indígenas en plena transición demográfica. Otro factor, que afectó la contabilización más alta, fueron cambios metodológicos que han permitido la mejor cuantificación y clasificación de los individuos tales como relevar cuantos miembros del hogar se identifican como indígenas, incluir dentro de las preguntas de nacionalidad la pertenencia étnica también, y mejora del diseño de cobertura censal.

La composición de los pueblos difiere en cuanto a la ubicación de los mismos, así se observa que en ciudades prevalecen individuos en edad de estar económicamente activos, incluyendo una menor representación relativa de niñas y adolescente respecto a la proporción en la población total. Esto se debe a patrones migratorios en busca de trabajo, evidenciando fragmentación familiar, dado que es probable que mujeres migren sin sus hijos en busca de trabajo, dejando a los niños en cuidado de otros miembros de la familia o comunidad. Sin embargo, el comportamiento reproductivo de las mujeres al tener en cuenta el nivel educativo de las mismas es bastante uniforme entre las mujeres indígenas y no indígenas, con la cantidad de niños por mujer decreciendo a medida que aumentan los años de escolaridad, si bien, las tasas para los grupos indígenas son mayores que para los no indígenas. Por ejemplo, en Guatemala, para mujeres de muy baja escolaridad e indígenas, se observan en promedio 4,9 niños por mujer, mientras que para las no indígenas esto es 3,7. Pero al tomar en cuenta mujeres altamente educadas, las tasas caen a 1,5 y 1,4 respectivamente, con una clara disminución en la diferencia también.

Parte de las diferencias en fecundidad se debe a falta de acceso a servicios de planificación familiar y salud, lo que se marca en un perfil epidemiológico específico a los pueblos indígenas.  En Guatemala, la mortalidad es alta en todos sus estadísticos. La mortalidad materna en Guatemala se estimó en 2011 que la mortalidad materna del pueblo maya era alrededor de 211 cada 100.000 nacidos vivos, mientras que para las mujeres no indígenas se estimó siendo alrededor de 70. En Honduras, se calculaba en 2004 que la maternidad materna representaba entre 190 y 255 defunciones cada 100.000 nacidos vivos, cuando el promedio nacional se situaba en 140. Según una encuesta de 2014-2015, la mortalidad infantil era de 32 niños por cada 1000 nacidos vivos para la población indígena y 28 para la no indígena, aunque esto es, ya de por sí, más bajo que los datos de 2002, cuando la mortalidad infantil indígena se marcaba en casi 50 niños por cada 1000 nacidos vivos y la no indígena en 40. Al respecto existen en los países iniciativas de salud enfocadas en los pueblos indígenas para, desde una perspectiva intercultural ampliar la cobertura de salud y la accesibilidad al servicio.

Los pueblos indígenas suelen también tener poco acceso formal a la tierra, con derechos territoriales poco definidos, en parte a usos comunitarios tradicionales, o la ocupación de territorios ricos en recursos naturales, por lo que se encuentran vulnerables a la explotación de los mismos por parte de terceros. En Honduras, la población indígena está presente en 15 de los 18 departamentos del país, y sólo el 10 por ciento de los indígenas tienen título de propiedad para sus tierras, si bien ocupan y reclaman propiedad para casi un 20 por ciento del territorio nacional.

Las diferencias acá expuestas entre los grupos observados evidencian la necesidad de evaluar la situación de la población indígena por separado. Se requiere así tener en cuenta la situación particular en la elaboración de estadísticas, así como la implementación de intervenciones de políticas públicas. En este escrito nos hemos enfocado en los derechos de salud y tenencia de tierra, pero el documento aborda otras dimensiones de los derechos de los pueblos indígenas que se pueden consultar en su totalidad en el siguiente enlace.

Escrito por Florencia Paz

Crédito de la foto:IM Swedish Development