La mujer rural en Latinoamérica
Source: Flickr user: Maren Barbee
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La mujer cumple un rol fundamental en la producción agrícola en Latinoamérica, en general relacionado con la seguridad alimentaria inmediata del hogar, y a menudo invisible. En el portal, hemos notado, por ejemplo, cómo se puede aprovechar los roles ocupados por las mismas para implementar nuevos métodos de producción, incluyendo aquellos desarrollados en el marco de la Agricultura Climáticamente Inteligente.

Para poder potencializar las oportunidades que así se presentan, es necesario visibilizar la situación de la mujer rural. Así, desde la FAO se ha puesto a disposición el documento El Atlas de las Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe, donde se analiza el estado de derecho de las mujeres rurales, las situaciones específicas a las que se afrontan y las oportunidades presentes. El avance y mejora de este grupo poblacional se encuentra abarcado por distintos Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular las metas 1.4 en lo que respecta a la lucha contra la pobreza, 2.1 y 2.2 referidos al hambre y 5.a en general, enfocado en la igualdad de género.

Las mujeres representan la mitad de la población en El Salvador, Guatemala y Honduras, y la población total se encuentra similarmente distribuida entre áreas rurales y urbanas. En El Salvador, más mujeres viven en zonas rurales que en zonas urbanas, mientras que en Guatemala y Honduras es al revés, aunque la diferencia no es muy alta (55 por ciento, 44 por ciento y 45 por ciento de las poblaciones femeninas para cada país, respectivamente). Esto implica que la mujer rural representa entre un 22 y un 30 por ciento de la población total de estos países, por lo que están muy lejos de constituirun grupo de marginal interés.

Además, la mujer rural es responsable de la transmisión de saberes tradicionales, así como de la seguridad alimentaria y salud de los miembros del hogar. La transmisión oral entre generaciones de mujeres de métodos de producción y procesamiento de los alimentos es parte de la tradición maya y quiché en Guatemala. Son las mujeres en este grupo quienes seleccionan qué semillas se destinan a la siembra, venta o consumo, cumpliendo un rol clave para las estrategias de supervivencia del hogar, en la decisión de consumo versus inversión.

Si bien se observa que su participación en actividades productivas ha aumentado, esto no ha sido acompañado por una disminución de la carga doméstica, por lo que a menudo las mujeres se encuentran con sobrecarga laboral, formal e informal. La presión de las responsabilidades domésticas a menudo implica una baja tasa de participación en el mercado laboral, donde a partir de datos de El Salvador, Honduras y otros países, se observa que el 58 por ciento de las mujeres rurales de entre 15 y 29 años se manifiesta inactiva económicamente. Sin embargo, en Guatemala, el 50 por ciento de las mujeres rurales inactivas en el mercado laboral realizan labores para autoconsumo. En Guatemala, según datos de 2014, además, aquellas mujeres que deciden participar del mercado laboral pasan en promedio 35 horas semanales realizando labores no remuneradas mientras que para los hombres esto es sólo 3,6 horas. De forma similar, en Honduras, con datos de 2009, esto representa 4,4 horas diarias realizando labores no remunerados para la mujer rural y 0,8 horas al día para el hombre rural.

Aun así, continuando las tendencias de creciente involucración de la mujer rural en las actividades productivas formales, la tasa participación femenina en la población económicamente activa en la agricultura se ha mostrado en crecimiento para los países de la región. Entre 1980 y 2010, aumentó de un 7,3 a un 9,6 por ciento en El Salvador, e un 8,3 a un 10 por ciento en Guatemala y de un 18,9 a un 20,7 por ciento en Honduras. En parte esto es consecuencia de la demanda por trabajo femenino para la agroexportación de productos no tradicionales e intensivos en labor, tales como flores y hortalizas.

Normalmente los hombres rurales pueden moverse más libremente en busca de mejores oportunidades económicas, mientras que la mujer suele quedar a cargo de los miembros más vulnerables del hogar. Esto implica que la pobreza hostiga más duramente a las mujeres que los hombres, y en 2014, por cada 100 hombres viviendo en hogares pobres, había 100,7 mujeres en la misma situación en Honduras, 101,9 en Guatemala y 103,8 en El Salvador. Las disparidades tienen efectos económicos y en la salud alimentaria y nutricional, reflejándose tanto en mayores tasas de desnutrición y de obesidad.

Otra limitación a la participación de la mujer en los medios productivos es la falta de acceso a recursos e insumos. Marco normativos que garanticen el acceso a la tierra para las mujeres, tales como la cotitularidad en caso de matrimonio o unión estable facilitan la igualdad de género, e incentivan la participación en actividades económicas. En la región, de acuerdo a los últimos censos agrícolas, el acceso a la tierra por parte de la mujer es bajo: en El Salvador (2007), 11,5 por ciento de las tierras están tituladas a mujeres, mientras que en Guatemala (2003) esto es sólo el 7,9 por ciento y en Honduras (2004) es el 14,4 por ciento. Además, las tierras de propiedad de mujeres suelen ser más pequeñas y de menor calidad.

La falta de visibilidad del trabajo femenino representa también una barrera para el acceso al crédito, dado que a menudo significa que falta comprobación de actividad económica para poder aplicar a servicios financieros. Las mujeres además suelen estar menos involucradas en el ámbito público, con menor participación en asociaciones agropecuarias. Así, para favorecer la vinculación con el mercado, se necesita reforzar la organización colectiva de las mismas, formas de comercialización alternativas y acceso a información clave, como ser precios y de insumos.

Incluyendo las estrategias corrientemente implementadas en los países, el documento culmina incorporando la naturaleza multemática de la problemática dentro de una agenda para el avance en los derechos de las mujeres rurales. La agenda diseñada abarca diversas dimensiones que afectan a la mujer rural, con propuestas de políticas públicas referidas a: la ciudadanía y de protección social; el acceso a recursos naturales como ser agua y tierra; el acceso a recursos productivos, tales como servicios financieros y de apoyo; la promoción de participación social, económica y pública; y la articulación de políticas regionales.

Para acceder a un análisis más detallado de la situación, se puede consultar al documento completo en el siguiente enlace.

Escrito por Florencia Paz.

Crédito de la foto:Flickr user: Maren Barbee