La mecanización en Latinoamérica
Source: Flickr: Plumerio Pipichas
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La producción agrícola en Latinoamérica ha evolucionado positivamente aumentando en los últimos 50 años, mostrando crecimiento en la productividad por trabajador y por hectárea, aunque aún conserva grandes diferencias entre países y al interior de los mismos. Estas brechas son todavía más amplias cuando se considera el empleo de capital físico utilizado en la mecanización de la actividad. Dada la falta de información detallada respecto al estado de la situación de mecanización en Latinoamérica, autores del IFPRI han desarrollado un nuevo documento de trabajo titulado “La Mecanización Agrícola en América Latina”. En el mismo los autores realizan un análisis exhaustivo de la situación de la mecanización agrícola en Latinoamérica, considerando divergencias intrarregionales en la búsqueda de la identificación de necesidades y oportunidades existentes.

Es difícil acotar la definición de maquinaria agrícola dado que se refleja en una amplia variedad de productos, tales como cosechadoras de granos, desmotadoras de algodón, arados y desmalezadoras, entre otros. Sin embargo, el indicador más emblemático de la mecanización es el tractor dado que su uso se extiende a una gran cantidad de aplicaciones agropecuarias.

Tal como se observó  previamente en el portal, entre 2011 y 2015, la región representó menos del 8 por ciento en promedio de la demanda mundial de maquinaria agrícola. A nivel global, la cantidad de tractores ha ido en franco crecimiento en los últimos 50 años, de 13 millones a casi 45, pero en Latinoamérica sólo ha aumentado de casi 400 mil a 1,8 millones en el mismo período. Dada la escasa oferta local, en la mayor parte de los países latinoamericanos la oferta de maquinaria en general es importada y estandarizada, con poca adaptación a la variedad de sistemas geográficos, climáticos y productivos coexistentes. . En promedio, el 40 por ciento de la maquinaria comerciada en Latinoamérica durante 2011 y 2015 fueron tractores, seguido por repuestos en un 16,5 por ciento y cosechadoras en un 13,5 por ciento.

Combinando los indicadores de mano de obra y mecanización, los autores observan que la cantidad de tractores por trabajador activo en Latinoamérica aumentó un 11 por ciento entre 2006 y 2015. Si bien al comparar este indicador con Estados Unidos, la región muestra avances, la calidad motora de los tractores en los Estados Unidos es superior a la observada en Latinoamérica. Además, existen claras divergencias dentro de la región misma. Por ejemplo, en el año 2013, en Argentina se observaron 0,2 tractores por trabajador, mientras que en El Salvador, Guatemala y Honduras, apenas alcanzaba al 0,01. Esta desigualdad es preocupante dado que los autores encuentran una correlación directa entre la dotación de maquinaria por trabajador y la generación de valor agregado por trabajador.

Analizando la situación de los rendimientos (medidos a través de kilogramos por hectárea) de los principales cultivos en la región, la relación con la dotación de tractores por trabajador es más débil. Guatemala, El Salvador y Honduras suelen presentar rendimientos bajos en los cultivos de trigo y maíz, y cercanos al promedio para caña de azúcar y soja. Guatemala y Honduras en particular presentan altos rendimientos en el caso del café verde. Esta relación debilitada pone en evidencia que los rendimientos no tan solo están relacionados con la dotación de maquinaria, sino también con la adopción de otros insumos, como ser agroquímicos y semillas mejoradas. Adicionalmente, algunos de estos cultivos son intensivos en trabajo (como ser el cacao y el café), mientras que otros pueden ser más automatizados, como es el caso de los cereales, lo que también explica, en parte, las divergencias intra-sectoriales.

Los autores encuentran también una fuerte relación entre el tamaño promedio de las explotaciones y el grado de mecanización. Si bien no existen razones técnicas que impidan la mecanización a pequeña escala, lo cierto es que la amortización de la misma es más sencilla en fincas alcanzan un tamaño determinado, y los países centroamericanos se caracterizan por tener una mayor proporción de explotaciones de agricultura familiar con un promedio de finca pequeño. Por ejemplo, en Argentina, una finca promedio tiene alrededor de 500 hectáreas, mientras que, en Guatemala, esto es 6,4 hectáreas. En Argentina, además, existe la facilidad de acceder a maquinaria mediante el alquiler de esta a un contratista, lo que permite a los productores de menores recursos utilizar tanto maquinaria como asesoramiento tecnológico moderno.

Los autores también analizan otros determinantes de la productividad agrícola bajo la perspectiva de que, mayor mecanización, sistemas de riego y uso de agroquímicos están interrelacionados para la mejora de la productividad, dado que entre sí disminuyen el costo de oportunidad de emplear las otras estrategias. En este sentido, los autores también encuentran que la mayor cantidad de tractores está asociada con mayor uso de fertilizantes en la región. En cuanto a la situación de los sistemas de riego, en promedio, sólo el 10 por ciento de las tierras arables están bajo riego en Latinoamérica, con Honduras reportando 6 por ciento, El Salvador 4,5 por ciento y Guatemala el 14,2 por ciento. La inversión en riego por su parte suele tener altos costos asociados para el productor a nivel individual, lo que la hace necesaria desde un punto de vista de estrategia de política pública.

Finalmente, los autores realizan un análisis sistémico de las oportunidades y limitaciones para fomentar la mecanización en la región. Si bien el proceso de mecanización es principalmente llevado a cabo por el sector privado, se requiere de la implementación de políticas públicas que apoyen este desarrollo. Así, identifican como clave la promoción de capacitación técnica para poder operar maquinarias modernas, la facilitación de créditos y subsidios para financiar la compra del capital físico y el fomento al desarrollo de los sistemas de proveedores de servicios para el acceso a maquinarias mediante alquiler a pequeños productores sin capital suficiente, así como de redes de servicios y repuestos para mantenimiento. Además, es fundamental la inversión en infraestructura de riego, vial y de comunicación para que los productores puedan realizar la transición de agricultura de subsistencia hacia la producción comercial, lo que a su vez brindaría mayores ingresos que permitirían el acceso a mejores servicios de mecanización y otros insumos.

El documento completo se puede encontrar en el siguiente enlace, donde se analiza en profundidad la situación de los mercados de maquinarias, así como se brinda mayor detalle a los temas expuestos.

Escrito por Florencia Paz.

Crédito de la foto:Flickr: Plumerio Pipichas