Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas en Centro América
Source: BID Ciudades Emergentes
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La Oficina de Evaluaci√≥n y Supervisi√≥n (OVE, por sus siglas en ingl√©s) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha difundido la √ļltima publicaci√≥n de sus Estudios de Casos Comparativos¬† ‚ÄúEvaluaci√≥n del Apoyo Institucional del BID a los Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas en Tres Pa√≠ses de Ingreso Medio-Bajo‚ÄĚ. En el mismo, analizan la eficacia del BID en la implementaci√≥n de estos programas en Honduras, Guatemala y El Salvador.

Los programas de Transferencias Monetarias Condicionadas (TMC) son unas de las herramientas m√°s √ļtiles para combatir la pobreza dado que se pueden apuntalar directamente con incentivos monetarios a los servicios que se desean promover, como ser en √°mbitos de salud, nutrici√≥n y educaci√≥n. Desde mediados de los 90, el BID ha promovido este tipo de programas en la regi√≥n de Latino Am√©rica y el Caribe.

Para realizar la evaluaci√≥n interna de estos programas, el trabajo emplea un enfoque de componentes. Estos componentes representan un marco de referencia constituido por elementos (y sus acciones espec√≠ficas) que se pueden ser identificables en todos los programas. Los 10 componentes son: 1. Medici√≥n de la pobreza, 2.An√°lisis de la estructura de selecci√≥n de beneficiarios, 3. Identificaci√≥n de los organismos coordinadores e implementadores del programa, 4. Descripci√≥n de los incentivos monetarios 5. Determinaci√≥n de las condicionalidades, 6. Detalle de la estructura de ‚Äúgraduaci√≥n‚ÄĚ de beneficiarios 7.Dise√Īo de la metodolog√≠a de pago, 8. Servicios complementarios necesarios (como ser planificaci√≥n de extensi√≥n del programa), 9. Monitoreo y evaluaci√≥n y 10. Estructura del financiamiento p√ļblico del proyecto.

Con este marco en mente, se seleccionaron programas en los tres pa√≠ses del Tri√°ngulo Norte de Centro Am√©rica. Si bien, El Salvador, Guatemala y Honduras est√°n en la misma categor√≠a econ√≥mica, tienen algunas diferencias en materia social: los dos √ļltimos observan tasas de pobreza de m√°s del 50%, mientras que para El Salvador las cifras oscilan el 30%, lo que tambi√©n est√° acompa√Īado por estad√≠sticas levemente mejores en materia de salud y educaci√≥n (indicadores de mortalidad materna e infantil, desnutrici√≥n, analfabetismo, escolaridad primaria y progresi√≥n a la escuela secundaria).

En Honduras, el programa del Bono 10.000 (con sus previas encarnaciones PRAF I, PRAF II, PRAF III, Bono 10.000 y Bono Vida Mejor) tiene 240.000 hogares beneficiarios, a los que se les brinda US$ 250 o US$ 500 anualmente en base a la estructura del hogar, con resultados positivos observados en el ámbito de la matrícula escolar y usos de los servicios de salud. En el mismo, el aporte del BID asciende a US$ 502.5 millones

El programa Comunidades Solidarias (nombres anteriores fueron Red Solidaria, Comunidades Solidarias Rurales y Urbanas) en El Salvador, tiene aproximadamente 80.000-100.000 hogares beneficiarios a los que se les brinda $15 (sólo salud) o $20 (salud más educación) en el ámbito rural o el costo medio de transporte para asistir a la escuela en el urbano (aproximadamente, US$12). Se han observado resultados significativos al menos en la zona rural, en cuanto a reducción de tasas de repetición, incidencia de diarrea y partos asistidos. El programa va contando con un aporte del BID de US$ 538.9 millones.

En Guatemala, el programa evaluado es el de MI Bono Seguro (también conocido como Mi Familia Progresa o MiFaPro) tiene 758.000 hogares beneficiados, a los que se les facilitan aproximadamente un aporte mensual de US$20 para salud y $20 para educación por familia. Al momento no hay evaluaciones a disposición de los resultados del programa. Este proyecto cuenta con un respaldo económico del BID de US$ 550 millones.

El grado de involucramiento del BID en cada uno de estos programas ha sido, sin embargo, distinto. En Honduras el BID ha estado inmiscuido en profundidad en los programas de TCM en el plano t√©cnico as√≠ como financiero; sin embargo en Guatemala el apoyo se ha limitado a dos fases diferentes y discontinuas y enfocado en la parte fiscal y presupuestaria; mientras que en El Salvador el BID estuvo implicado en el dise√Īo de las transferencias de efectivo siendo desde 2010 su apoyo, marginal. El documento establece que a mayor participaci√≥n del BID en el proceso de dise√Īo y control de los TMC, mejor es la calidad de las mediciones, sistemas de focalizaci√≥n, registro y auditor√≠a externa de los programas. Los clientes aportaron que esto se puede deber a la experiencia en el tema y conocimientos t√©cnicos de la entidad.

Las limitaciones de los programas se derivaron principalmente a cuestiones fiscales para proveer los fondos para las transferencias, y de administración la regularidad del desembolso de las mismas, así como problemas para implementar un sistema eficaz para garantizar el cumplimiento de las condiciones. Esto se debe en parte, a que por lo general la movilización de los fondos está intrínsecamente relacionado con los ciclos políticos, e interrumpiendo el lazo entre cumplimiento de las condiciones y pago. En las instancias en que el BID estuvo involucrado en la provisión de los fondos, el programa observó más agilidad al poner en disposición las transferencias para los beneficiarios, lo que en parte responde a que el financiamiento es externo a la situación política del país.

El documento, as√≠, es capaz de identificar la mayor debilidad como institucional a la hora del dise√Īo integral del programa. Adem√°s, resaltan que los tres pa√≠ses est√°n atravesando graves restricciones fiscales, por lo que es esperable que repercutan a√ļn m√°s en los programas de TCM, al restringir o irregularizar la disponibilidad de fondos.

Los autores, en base a esto, proponen una serie de sugerencias en el ámbito institucional para futuros proyectos. Principalmente, realizar un diagnóstico completo para poder identificar los componentes institucionales más endebles, asegurarse que habrá tendrá continuidad de la coordinación y seguimiento en los desembolsos pero así también en la evaluación de los condicionamientos durante toda la duración del programa, garantizar la financiación mediante un análisis exhaustivo de las fuentes y necesidades prestatarias, y finalmente, incluir en el proceso lecciones aprendidas de previas encarnaciones de programas de TMC.

Para ver el detalle de cada componente por país, puede consultar el documento aquí.

Escrito por Florencia Paz, MTID.

Crédito de la foto:BID Ciudades Emergentes