Seguros Agropecuarios en Centroamérica
Source: Flickr: Gusjer
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En un nuevo documento publicado por la CEPAL se estudia la implementación de seguros y microseguros agropecuarios en Centroamérica. En este estudio se argumenta que aunque en la región ha habido un esfuerzo por promover los seguros, microseguros y otros mecanismos de gestión de riesgo climático, todavía se presentan retos importantes. Entre los obstáculos que aún persisten se destacan: la creación de leyes específicas, la financiación correcta de las entidades estatales dedicadas al sector rural, la instauración de una institución política responsable de seguros y el mejoramiento de la adquisición de seguros por parte de productores con ingresos bajos.

En el documento se expone que en Centroamérica y república dominicana han ocurrido gran cantidad de eventos meteorológicos extremos en las últimas décadas, que han generado pérdidas de hasta 7.000 millones de dólares en el sector agropecuario. Según el Índice de Riesgo Climático, 4 de los países de la región se ubican en los primeros 10 lugares más afectados por las condiciones climáticas: Honduras se ubica en la posición 1, Nicaragua en la 4, República Dominicana en la 8 y Guatemala en la 9.

La CEPAL en colaboración con la Secretaría Ejecutiva del CAC ha estudiado la evolución de los seguros agropecuarios y otras medidas de gestión de riesgos en la región, encontrando que los seguros agropecuarios se utilizan con regularidad en economías menos desarrolladas que las centroamericanas lo que es muestra de que en la región son muchas las medidas que pueden implementarse para promoverlos. Con este fin en el documento se proponen una serie de recomendaciones para la correcta ejecución de los agro seguros y otras medidas de gestión de riesgo para cada uno de los países de la región, provenientes tanto del análisis del documento como del Taller Regional sobre Microseguros Agropecuarios y Gestión Integral de Riesgos, llevado a cabo los días 2 y 3 de septiembre de 2015 en Panamá, el cual contó con la participación de expertos internacionales y regionales.

De acuerdo al documento, en El Salvador existen algunas alternativas de gestión de riesgos como los seguros tradicionales para la protección de cultivos de exportación provistos por aseguradoras privadas y los créditos agropecuarios suministrados por instituciones públicas. Sin embargo, la vulnerable situación de las finanzas públicas de este país compromete seriamente el financiamiento de medidas de protección ante el cambio climático. Aunque ha habido esfuerzos de los bancos públicos como el BFA y el BANDESAL en la promoción de créditos agropecuarios, los autores consideran fundamental para el país involucrar a la banca privada. Además se debe actualizar el marco regulatorio de los seguros con el fin de proveer otras opciones diferentes a los créditos agropecuarios y hacer que estos cubran otro tipo de riesgos como el de muerte del productor o robos.

En Guatemala, país cuyo sector agropecuario es uno de los más dinámicos de la región y sigue presentando buenas perspectivas, los autores consideran que existe un perfil apto para la implementación de seguros agropecuarios que requiere fortalecer los siguientes puntos: afianzar la producción sostenible, ejecutar un monitoreo periódico de rendimientos agropecuarios y las condiciones climáticas, y definir una ley especifica que describa las características de los seguros agropecuarios. También es necesario adoptar una estrategia de política pública que tome los agros seguros como esquemas solidarios de gestión y transferencia de riesgos.

De acuerdo a los autores, actualmente en Honduras un grupo de actores como instituciones internacionales, académicas y ONG se encuentra impulsando seguros agropecuarios dirigidos a los pequeños y medianos productores con el fin de protegerlos ante variables climáticas.  Entre las actividades desarrolladas por estos programas se destaca la capacitación a productores y la caracterización de sus preferencias y expectativas con el fin de establecer el tipo de agro seguros más útiles. Para avanzar en la correcta implementación de agro seguros en el país, los autores consideran necesario que las instituciones encargadas del desarrollo rural y agropecuario de coordinen las anteriores actividades, además consideran que es de vital importancia fortalecer la infraestructura tecnológica del Sistema Meteorológico Nacional (SMN) y contar con información de los rendimientos de los cultivos para mejorar la forma en que se establecen los seguros agrícolas.

Para Nicaragua los autores destacan la existencia del INISER, un ente autónomo del Estado encargado del mercado de seguros, el cual puede ampliar el mercado de los seguros y otras medidas de gestión de riesgo. Sin embargo, los autores consideran necesario llevar a cabo las siguientes medidas: mejoramiento de  la infraestructura tecnológica del INISER, ampliar la red meteorológica nacional, poner a disposición del público la información climática disponible, y buscar mecanismos de financiamiento climático y redistribución eficiente del gasto público.

 Otro punto que resaltan los autores es que en Nicaragua hubo pilotos de seguros agropecuarios basados en índices climáticos que fueron impulsados por compañías nacionales e internacionales, pero estos no lograron alcanzar la etapa de expansión del producto al no coincidir con las aspiraciones gubernamentales de mejorar la productividad de las familias rurales. Por lo tanto seria valioso disminuir las condiciones impuestas por las instituciones privadas, y encontrar un equilibrio entre la visión de negocio de las aseguradoras privadas con la visión subsidiaria del Estado en torno al negocio del seguro agropecuario.

Los autores concluyen que los seguros agropecuarios dirigidos a pequeños y medianos productores rurales de la región, cumplirían mejor su función de instrumento de transferencia de riesgos si se acompañan de otros servicios financieros como los créditos, seguros de vida y salud, paquetes tecnológicos y una estrategia integral de riesgos impulsada desde el sector público y privado. Esto mejoraría en general la resiliencia de los productores ante los eventos climáticos ya que una gestión integral de riesgos funciona mejor que las medidas directas para atender desastres meteorológicos.

 

Escrito por: Juan Carlos Mora Betancourt.

Crédito de la foto:Flickr: Gusjer