Evidencia sobre Salud Mesoamérica 2015
Source: Flickr: Nan Palmero
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En un artículo reciente se estudia la relación entre los resultados de salud pública y una serie de indicadores a nivel de hogar de las poblaciones pobres de América Central. El estudio utiliza información proveniente de hogares y establecimientos de salud y también toma información del estudio de línea de base de la Iniciativa Salud Mesoamérica 2015, una asociación publico privada enfocada en mejorar las condiciones de salud del quintil más pobre de las poblaciones de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Belice, Costa Rica, Panamá, and México.

El estudio implementó cuestionarios enfocados en recopilar información de los hogares, información relacionada con la salud maternal y con la salud infantil. La encuesta de hogares indagó principalmente sobre los activos del hogar, la riqueza de las familias y sus características. El instrumento de salud maternal preguntó sobre las características de las madres, su estado socioeconómico y sobre el comportamiento de las mujeres en edad reproductiva (15-49 años) con respecto a temas de salud. El instrumento de salud infantil contuvo mediciones de talla, pruebas de anemia y preguntó por la dieta, salud y vacunación de niños entre 0 y 59 meses de edad. La información fue recolectada entre los años 2011 y 2013 y fue continuamente monitoreada por el Instituto de Evaluación y Métrica de Salud (IHME, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Washington.

Se entrevistaron un total de 20.225 hogares, 26.824 mujeres y 23.223 niños ubicados en 716 segmentos de 157 municipalidades de 6 países de la región: El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá. A pesar de que la población de estudio fue el quintil más pobre de todos los países se encontró una enorme variabilidad del ingreso mensual de los hogares y del gasto per cápita, lo que indica enormes disparidades en estas áreas empobrecidas. Del mismo modo los autores encontraron grandes disparidades en los indicadores de salud entre segmentos y municipalidades. El Gasto Catastrófico en Salud (cuando se gasta en salud más del 50% del ingreso destinado a consumo no alimentario) se presentó en promedio en el 5.5 por ciento de los hogares de Guatemala y en el 19 por ciento de los hogares de Honduras. Sin embargo en algunos segmentos dicho gasto alcanzó niveles del 63.3 por ciento de los hogares (en Honduras) y hasta del 100 por ciento de los hogares (en Panamá).

En el estudio se muestra que la cobertura total de siete indicadores de salud maternal, natal e infantil varía por quintiles de ingreso, siendo peores las coberturas en los quintiles más pobres. El Salvador presentó la mejor cobertura en salud para todos los quintiles de ingreso, mientras que Guatemala presentó la peor cobertura con un 40 por ciento de la población efectivamente cubierta. Asimismo, en otros indicadores como el cuidado prenatal y durante el parto, y el retraso de crecimiento infantil mostró un mejor desempeño en los quintiles menos pobres.

Al comparar el desempeño en los diferentes indicadores de salud con el nivel educativo y otras características de los hogares, el estudio encontró que aquellas madres con mejores niveles educativos evidenciaron un mejor desempeño en salud. Las mujeres menos educadas y sus hijos mostraron menores probabilidades de recibir atención médica, especialmente cuidados post y prenatales. Adicionalmente se encontraron bajos niveles de atención postnatal dentro de establecimientos de salud en todos los países analizados. La cobertura de cuidados antenatales dentro de establecimientos de salud estuvo positivamente influenciada por mejores niveles educativos y de ingreso.

Los autores argumentan que las medidas de pobreza tradicionales, especialmente aquellas que dependen de una línea de ingreso, no se alinean de la mejor manera con las disparidades del acceso a la salud que se presentan en las poblaciones de menores ingresos. El acceso a la salud, la práctica de recomendaciones y los factores de riesgo varían ampliamente entre los segmentos y municipalidades más pobres de los países analizados. En base a lo encontrado en las encuestas, los autores consideran que empoderar a la mujer por medio de más educación es un paso crucial para el mejoramiento de la salud. Las mujeres más educadas son más propensas a responder más oportunamente ante signos de deterioro de la salud, a buscar mayor atención médica y a implementar las recomendaciones hechas por los médicos.

Los autores recomiendan el desarrollo y uso de una medida compuesta de “pobreza en salud” como alternativa para evaluar el progreso en salud de las poblaciones pobres en lugar de utilizar las medidas tradicionales enganchadas con el ingreso o el gasto. Los autores consideran que se deberían realizar indicadores de “pobreza en salud” para todos los aspectos relacionados con la atención médica, por ejemplo, un indicador para la salud materna e infantil debería medir si se cumplen con los requerimientos de cuidado prenatal, asistencia especializada durante el parto, inmunización y otros.

Los autores concluyen haciendo énfasis en que la mejor forma para eliminar la pobreza de las naciones es mejorando el pobre desempeño en salud. Un índice de “pobreza en salud” permitiría identificar aquellos grupos y áreas que requieren atención especializada guiando de manera más efectiva las medidas para el mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones vulnerables. Los autores comentan que un mejor cuidado de la salud se encuentra estrechamente relacionado a mejores oportunidades de educación y al mejoramiento de la economía, y es por esto que el mejoramiento de la salud debe ser una prioridad en la lucha de la erradicación de la pobreza.

 

Escrito por: Juan Carlos Mora Betancourt.

Crédito de la foto:Flickr: Nan Palmero