Compra de semillas para la seguridad alimentaria en El Salvador
Source: Flickr: Biodiversity International
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En una investigación elaborada conjuntamente por La Fundación para la Reconstrucción y el Desarrollo (REDES), la OXFAM, y la organización ECOVIVA, se analiza el impacto del programa de compras gubernamentales de semillas de maíz y frijol en El Salvador. Este programa hace parte del Plan de Agricultura Familiar, ejecutado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) desde el 2011 con el fin de dinamizar las economías locales, reducir los niveles de pobreza y fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional de los agricultores.

El documento comienza mostrando un contexto del sector agropecuario de El Salvador en el que se resalta la enorme importancia que tiene la agricultura familiar para la producción agropecuaria de este país. De acuerdo a cifras presentadas en el estudio, más del 80 por ciento de los agricultores salvadoreños son agricultores familiares de subsistencia y contribuyen con el 74 por ciento de la producción total de maíz, el 70 por ciento de la producción de sorgo y el 78 por ciento de la producción de frijol.

A pesar de su importancia, los agricultores familiares se enfrentan a grandes retos como los fenómenos climáticos, que han ocasionado en los últimos años pérdidas de cosechas agrícolas superiores a los 620 millones de dólares. Otro factor que afecta los agricultores de subsistencia es la distribución inequitativa de la tierra, ya que los productores familiares de El Salvador poseen únicamente el 29 por ciento de la tierra cultivable de este país, porcentaje del que solo el 14 por ciento es manejado por productoras mujeres. Además, solo el 17 por ciento de los agricultores familiares son propietarios de su tierra, mientras que la forma de tenencia de la tierra más común entre los agricultores familiares es el arrendamiento con un 49 por ciento.

Los autores argumentan que el sector de la agricultura en El Salvador ha tenido durante los últimos años un repunte en comparación con otros sectores, aportando en la actualidad el 12 por ciento del PIB total. Lo anterior no solo se debe al aumento de la producción agropecuaria sino también a la implementación de políticas para contribuir con el desarrollo de la agricultura. Una de esas políticas es el Plan de Agricultura Familiar (PAF) que se encuentra conformado por los programas de Abastecimiento Nacional para la Seguridad Alimentaria y Nutricional, el Programa para la Innovación Agropecuaria y el Programa de Agricultura Familiar para el encadenamiento productivo.

En el marco del programa de agricultura familiar para el encadenamiento productivo se ha venido ejecutando desde el año 2011 el programa de compras de semillas de maíz y frijol a productores nacionales. Anterior a este programa, durante el periodo 2004-2010, los principales proveedores de semillas eran empresas privadas que ofrecían en algunos casos productos de baja calidad con bajos niveles de germinación y altos precios.

Desde la ejecución del programa de compras de semillas el número de proveedores de ha aumentado significativamente, lo que ha fomentado una mayor competencia en el mercado mejorando el precio y la calidad del producto. Del mismo modo, se aumentó la participación de agricultores familiares dedicados a la producción de semillas y de empresas nacionales. En el año 2014 el gobierno compró el 100 por ciento de semillas de maíz y frijol a productores nacionales. De este porcentaje 21 por ciento fue provisto por cooperativas de agricultores y el 79 por ciento restante lo dieron otras empresas.

Además de lo anterior, en el documento se muestra evidencia de otros impactos positivos del programa de compra de semilla. En primer lugar se ha presentado un incremento a nivel nacional de la producción nacional de semillas de maíz certificadas. Mientras que en 2010 se produjeron 36,693 quintales de semilla, en 2014 se produjeron 92,194. Entre las semillas producidas se encuentran variedades de alta calidad como la hibrida H-59 que muestra altos niveles de productividad y es más resistente a eventos climáticos.

En segundo lugar, el aumento de la producción de semilla certificada ha ocasionado en los últimos años una reducción de las importaciones de semillas de maíz del 78 por ciento, un mejoramiento de la calidad y productividad de maíz y frijol, y una reducción de la balanza comercial de granos básicos. En tercer lugar, el programa de compra de semillas también ha generado nuevos empleos. Tan solo en la principal cosecha del 2014 se generaron 81 mil nuevos empleos, de los cuales muchos son ocupados por mujeres quienes participan en el área de clasificación de la semilla. En cuarto lugar, ha habido un aumento del aprendizaje y conocimiento sobre la siembra de semilla certificada de frijol y maíz, así como una mejora de las capacidades productivas, empresariales y de organización de las cooperativas encargadas de producir semillas.

Por último, los autores destacan que aunque los resultados del programa gubernamental de compra de semillas han sido ampliamente positivos, es necesario fortalecer varios aspectos para mejorar su impacto. Las recomendaciones de los autores incluyen: I) innovar semillas para la adaptación al cambio climático; II) mejorar el procesamiento y manejo post cosecha del producto; III) fortalecer las habilidades organizacionales de los pequeños productores y cooperativas; y por ultimo IV) fomentar la compra de semilla criolla que es más adaptable al cambio climático y ofrece buenos rendimientos.

Crédito de la foto:Flickr: Biodiversity International