Indicadores de Ciencia y Tecnología Agropecuaria
Source: Flickr, PAHO
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La iniciativa de Indicadores de Ciencia y Tecnología Agropecuaria (ASTI por sus siglas en inglés) dirigida por IFPRI, ha publicado en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) un análisis sobre el estado de la investigación agrícola en América Latina y el Caribe. En este estudio, se evalúan las tendencias en inversiones, marcos institucionales y capacidades del I+D agropecuario excluyendo el sector privado y las contribuciones de Agencias internacionales que operan en la región como el consorcio CGIAR. Gran parte del análisis se fundamenta en bases de datos completas elaboradas por ASTI a partir de encuestas realizadas a cerca de 700 agencias en 27 países de la región.

América Latina posee un gran número de organizaciones que realizan o promueven la investigación agrícola, y en términos de cantidad de investigadores, el gobierno es el actor de mayor importancia. Alrededor del 55 por ciento de los investigadores agrícolas de la región fueron empleados por agencias gubernamentales en los años 2012 y 2013, mientras que el 40 por ciento fue empleado por instituciones de educación superior y el 5 por ciento restante por agencias sin ánimo de lucro. Sin embargo, estos promedios ocultan una enorme diferencia entre países, ya que en países como Panamá y Venezuela  la participación del gobierno es de alrededor del 80 y en Honduras, Costa Rica y Bolivia es de entre el 25 y 30 por ciento.

Tanto el número de investigadores como la inversión en investigación agrícola en la región, ha tenido grandes cambios en las últimas décadas. Entre 1980 y 1996 los niveles de ambos indicadores presentaron volatilidad seguida por un periodo de constante disminución hasta el año 2000. A partir de ese año, la inversión y el número de investigadores creció a un ritmo constante debido principalmente al dinamismo de los países con sistemas de investigación más desarrollados de la región: Brasil, Argentina y México.

La inversión en investigación agrícola de la región fue de más de cinco mil millones de dólares en 2013. De este monto la mayor participación fue de Brasil con el 52.7 por ciento, seguido por Argentina con el 14.3 y México con el 13.8. Las menores inversiones de la región se presentaron en Honduras, Guatemala y Panamá, juntos contribuyen con alrededor del 1.3 por ciento de la inversión regional. Similarmente, el gasto en investigación agrícola como proporción del Producto Interno Bruto Agrícola, Honduras y Guatemala ocupan nuevamente el último lugar gastando menos del 0.4 por ciento mientras que Brasil y Chile ocupan los primeros lugares ya que invierten más del 1 por ciento en investigación agrícola.

Al analizar el gasto en investigación agrícola de la región se observa que la mayor proporción es destinada al pago del salario de investigadores y funcionarios, y el resto a costos operativos e inversiones de capital. Por otro lado, la principal fuente de financiamiento de la investigación agrícola para la mayoría de los países proviene del gobierno, aunque varios países financian parte de su investigación por medio de donaciones  y ventas de bienes y servicios.

Respecto a los recursos humanos, el análisis del documento encuentra que en la región se emplearon cerca de 20.600 investigadores agrícolas en 2013. Los 3 principales países, Argentina, México y Brasil, acapararon el 76 por ciento de esta cifra, Colombia el 5 por ciento siguiente, Chile el 3 por ciento, y el resto de los países de la región el 15 por ciento restante. Aunque en Brasil más del 60 por ciento de los investigadores tienen doctorado, la mayor proporción de investigadores de la región posee pregrado o maestría. Sin embargo, en años recientes la mayoría de países de la región ha aumentado el número de doctores con excepción de Costa Rica Y Honduras y Panamá, en donde el número de doctores ha permanecido prácticamente constante.

En la región el 40 por ciento de los investigadores tiene más de 50 años. El estudio resalta que esto es preocupante ya que muchos podrían pensionarse en el corto o mediano plazo dejando múltiples agencias de América latina sin la experiencia requerida para entrenar al personal más joven y desarrollar productos de alta calidad.

Por otro lado, la participación femenina en la investigación agrícola ha aumentado con el paso de los años. La proporción de investigadores del total de la región fue del 36 por ciento en 2013, considerablemente superior a otras regiones en desarrollo como África (22 por ciento) y Asia del sur (20 por ciento). Además, vale la pena resaltar que no existen brechas aparentes en el nivel de educación entre investigadores agrícolas femeninos y masculinos a nivel de región. En promedio el 36 por ciento de los doctores en América Latina son mujeres aunque esta cifra cambia drásticamente entre países, en Honduras, Guatemala y República Dominicana por ejemplo, un hombre es 3 veces más propenso a tener un doctorado.

Por último , los temas de investigación agrícola más recurrentes son los relacionados con cultivos, seguidos por temas pecuarios, recursos naturales, piscicultura y finalmente silvicultura y otras áreas. Los cultivos más investigados en la región son los cereales y las hortalizas aunque dependiendo del país el foco de estudio cambia a productos como las frutas o el café.

Los autores concluyen la investigación con una serie de recomendaciones e implicaciones de política realizadas a partir de lo observado en su análisis. Aunque en las últimas décadas ha habido un importante crecimiento de la investigación agrícola en la región, este comportamiento generalizado enmascara fuertes divergencias que se presentan entre países. Por un lado se encuentran países con fortalecidos sistemas de investigación agrícola como Brasil, México y Argentina, pero al mismo tiempo los países de Centroamérica, las naciones del Caribe y los países menos desarrollados de los Andes se han venido quedando atrás en infraestructura, inversión y capacidades. Para contrarrestar esto, Los autores resaltan la importancia de un apropiado financiamiento para la investigación agrícola en la región. El aseguramiento de fondos es un factor clave para fortalecer programas estratégicos que aumenten la productividad agrícola en el marco del cambio climático.

Por último, los autores recomiendan que el Gobierno provea un ambiente político adecuado para estimular la cooperación entre los diferentes centros de estudios agrícolas con el fin de maximizar la eficiencia en el uso de los recursos limitados que tienen los centros y las universidades. Este aspecto también es clave para que países con sistemas de investigación agrícola más débiles puedan beneficiarse de los desarrollos de países con sistemas más avanzados. Además invitan a los actores interesados a consultar la iniciativa de Indicadores de Ciencia y Tecnología Agropecuaria liderada por IFPRI, en donde se podrán consultar con más detalle la información utilizada en la elaboración en este informe, y demás datos y análisis de libre acceso sobre inversión y capacidad de investigación agropecuaria en países de bajo y mediano ingreso. 

 

Escrito por Juan Carlos Mora Betancourt.

Crédito de la foto:Flickr, PAHO