Impacto de la emigración masculina en Guatemala
Source: Flickr: Chris Serour
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El impacto de la migración masculina sobre la agricultura, el bienestar del hogar y la productividad agrícola, es el tema central de una investigación elaborada por el Banco Mundial en Guatemala. El objetivo principal del estudio es entender la manera como la migración masculina afecta la capacidad de acción de las mujeres en la agricultura.   El análisis se centró en observar el acceso y uso de los recursos tierra, trabajo y conocimiento, la capacidad de acción de las mujeres y la subsistencia entendida en términos de seguridad alimentaria e ingresos.

La información del estudio proviene de encuestas y entrevistas realizadas a tres tipos de hogares diferentes: I) hogares Tipo 1, en los que los conyugues masculinos son migrantes actualmente; II) hogares Tipo 2, en los que ambos conyugues se encuentran presentes; y III) hogares Tipo 3, aquellos con una mujer cabeza de hogar únicamente. Se entrevistaron un total de 572 hogares agrícolas de Jutiapa y Chiquimula, departamentos ubicados en el suroriente de Guatemala cerca de la frontera con Honduras y El Salvador.

Se han llevado ha cabo varias investigaciones con el fin de entender las causas de la emigración indocumentada en hogares de bajos ingresos de Centroamérica y su relación con el desarrollo de la región. Según cifras presentadas en el estudio, más del 70 por ciento de los emigrantes en Centroamérica son hombres jóvenes y casi el 90 por ciento se ha desplazado hacia Estados Unidos. En la zona donde se realizó el estudio, se encontró que la decisión de migrar es tomada principalmente por el conyugue, y aunque las mujeres participan en varias etapas del proceso productivo, la agricultura es una labor tradicionalmente masculina.

Los autores argumentan que contrario a lo que piensan los funcionarios locales, formuladores de políticas e investigadores, en la mayoría de los hogares en los que el conyugue ha migrado se continúan desarrollando actividades agrícolas. En todos los tipos de hogares se encuentra que la productividad de la tierra es bastante similar. Mientras que los hogares Tipo 2 producen en promedio US$1.527 por año por hectárea, los hogares Tipo 1 producen en promedio US$1.435 por hectárea.

En el estudio se comparó el acceso y uso de recursos como la tierra, la mano de obra y el conocimiento entre los tres tipos de hogares. Se encontró que aunque en la mayoría de la muestra los agricultores son propietarios de sus tierras, las mujeres tienen niveles de propiedad más bajos. Más de la mitad de las tierras fueron heredades principalmente de la familia del hombre y una proporción pequeña pertenecen a una mujer. Frente al acceso a mano de obra el estudio encuentra que los hogares Tipo 2 son menos propensos a emplear personas que no son miembros del hogar o trabajadores remunerados para las labores agrícolas, mientras que los Tipo 1 o 3 emplean más mano de obra externa.

El acceso al conocimiento y asesoría técnica presenta diferencias entre los tres tipos de hogares. Los hogares liderados por mujeres tienen un pobre acceso a la asesoría técnica y recurren a familiares o vecinos para capacitarse a pesar que siete de cada diez mujeres afirmaron que quisieran recibir capacitaciones en producción agrícola, selección de semillas, inmunización para animales y control de plagas. En aquellos hogares donde las mujeres afirmaron no estar aprendiendo sobre agricultura se presentaron los ingresos agrícolas y totales más bajos de toda la muestra.

El estudio también evaluó el impacto de la emigración masculina sobre la capacidad de acción de las mujeres. Para medir la capacidad de acción los autores utilizaron un cuestionado basado en el Índice de Empoderamiento de la Mujer en Agricultura de IFPRI. A partir del cuestionario se elaboró un Índice que consiste en tres dimensiones: I) la capacidad de acción blanda, compuesta por la auto-eficacia (sentido de libertad y elección), aspiraciones (capacidades y metas) y la autonomía; II) la capacidad de acción no-agrícola, compuesta por la distribución de la toma de decisiones en el hogar, la participación en la comunidad y el acceso a los servicios financieros; y III) la capacidad de acción agrícola, compuesta por la participación en decisiones agrícolas, participación en acciones agrícolas, y si la mujer es propietaria de tierras agrícolas.

En base a los resultados del índice, los autores encontraron que los hogares Tipo 1 y Tipo 3 tienen más capacidad de acción en la toma de decisiones agrícolas y mayor participación sobre el presupuesto del hogar que las mujeres de hogares Tipo 2. También se encuentra que la participación de las mujeres en cualquier tipo de grupo productivo es baja, pocas mujeres tienen una posición de liderazgo en sus comunidades y el acceso a servicios financieros como créditos y seguros es bajo también.

Respecto a la capacidad de acción blanda, una mayor proporción de mujeres Tipo 3 se considera como “muy autónomas” y más “libres” en comparación con las mujeres de los otros dos grupos, mientras que las mujeres de hogares Tipo 1 son más propensas a darse a sí mismas la misma calificación de libertad que ellas le asignan al resto de las mujeres de su comunidad.

En cuanto a los impactos de la emigración sobre el beneficio del hogar, los autores encuentran que contrariamente a lo que se esperaría, los hogares de emigrantes no son más ricos que el resto, los tres grupos analizados tienen en promedio la misma cantidad de ingreso totales: US$2.715 para hogares Tipo 1, US$2.769 para hogares Tipo 2 y US$2.437 para hogares Tipo 3. Aunque en promedio los ingresos totales de los tres grupos son parecidos, la composición del ingreso es diferente, para los hogares de Tipo 1 las remesas ocupan una mayor proporción que los ingresos agrícolas y salarios mientras que los hogares Tipo 2 y Tipo 3 son más propensos a realizar trabajo remunerado/asalariado. Además se encontró que las transferencias gubernamentales no representan una porción considerable de los ingresos de todos los tipos de hogares.

Por último, los autores encontraron que los hogares de Tipo 1 tienen los niveles más altos de seguridad y diversidad alimentaria y los hogares de Tipo 3 tienen los peores resultados nutricionales tanto en diversidad como inseguridad alimentaria. Aunque los hogares con una mayor proporción de ingresos agrícolas tuvieron mejores niveles de seguridad alimentaria, también presentaron la menor variedad de alimentos consumidos. Contrariamente, los hogares que recibieron una mayor proporción de su ingreso de las remesas, presentaron mayores niveles de diversidad alimentaria pero no de seguridad alimentaria.

 

Escrito por: Juan Carlos Mora Betancourt.

Crédito de la foto:Flickr: Chris Serour