El camino a los ODS, desvíos y avances
Source: Adriana Varón (CIAT)
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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se lanzaron en 2015 en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible por la Asamblea de las Naciones Unidas. Cuentan con 17 objetivos que incluyen 169 metas, intentando reflejar las complejidades de las estrategias del desarrollo, definiendo puntos claves, indicadores, así como los diversos agentes que necesitan colaborar inclusivamente para alcanzar los logros.

El año pasado ya analizamos donde los países de la región se encontraban en cuanto a las metas definidas. Latinoamérica mostró estar bastante avanzado en las metas fijadas por los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) sobre todo en lo que respecta a pobreza y desigualdad, por lo que se tenían buenos auspicios para la implementación de la Agenda 2030. La agencia local de Naciones Unidas, la CEPAL, hizo pública, ya entonces, la necesidad por un nuevo modelo de desarrollo basado en un cambio estructural  para la igualdad y sostenibilidad ambiental, incluyendo la necesidad de políticas regulatorias, financieras y de gobernanza.

Al respecto, el Overseas Development Institute (ODI) ha publicado un reporte recientemente donde realiza un estudio sobre el progreso y tendencias esperadas de los distintos objetivos en Latinoamérica y el Caribe (LAC) a través de un sistema de calificación. El reporte estructura parte del análisis para la región en conjunto, así como contrasta los resultados para tres sub-regiones diferenciadas Sudamérica, Centroamérica y el Caribe.

En general, LAC tiene buenas expectativas en cumplir con tres metas: reducción de la desigualdad, pobreza y expansión de acceso a energía. La reducción en los indicadores de desigualdad es importante, dado que ésta ha sido una característica que diferenció a LAC en conjunto de sus contrapartes del mundo.

De acuerdo a la metodología diseñada, Centroamérica en particular tiene perspectivas de poder cumplir los objetivos planteados para 2030 para los indicadores de desigualdad, pobreza, energía, agua y sanidad en par con la evolución de Sudamérica y mejor que el Caribe. Midiendo la movilización de recursos domésticos como la participación de los ingresos del estado en el PBI, Centroamérica obtuvo calificaciones más altas que las otras dos sub-regiones en este objetivo. Sin embargo, esto debe tomarse con cautela, dado que el indicador seleccionado depende de precios de bienes primarios y petróleo, por ejemplo, y no necesariamente refleja la capacidad de recaudación ni base impositiva de los países dado que incluye fuentes de ingreso no impositivas. En Honduras, se espera que para el 2030 los ingresos del estado aumenten a casi un 34 por ciento del PBI, con resultados positivos pero menores también para Nicaragua, Guatemala y El Salvador.  

Además, se espera que El Salvador y Honduras tengan progresos significativos en el acceso universal a servicios de energía modernos, aunque se proyecta que Guatemala y Nicaragua se vayan a quedar cortos en sus esfuerzos.

Otros siete objetivos se encuentran en buen progreso para LAC, pero no es suficiente para alcanzar las metas para 2030. Estos son la eliminación del hambre, reducción de la mortalidad materna, conclusión de la escuela secundaria, finalización del matrimonio infantil, acceso a la sanidad, alto en el avance de la deforestación, y reforzamiento de la movilización de recursos domésticos. Comparativamente, Centroamérica se encuentra en necesidad de reforzar políticas con calificaciones similares a las de LAC para los objetivos de biodiversidad (medidos a través de la deforestación), hambre, salud materna, educación y género.

Dualidades interregionales aparecen, con avances de la deforestación en Honduras mientras que se resaltan esfuerzos positivos de Costa Rica para el manejo de sus bosques. En cuanto al hambre, a las tasas proyectadas, para el año 2030, se espera que el 9 por ciento de la población de Centroamérica se encuentre desnutrida, con el Salvador y Belice con una evolución esperada casi nula sino negativa.

Por otro lado, LAC se proyecta con muy poco éxito y hasta retrocesos en el cumplimiento de cinco objetivos: reducir la población viviendo en zonas periurbanas marginales, reducir los desperdicios y basura, combatir el cambio climático, promover la conservación marina y reducir las muertes violentas. Los indicadores para esta última meta se espera que empeoren más en LAC que en cualquier otra parte del mundo, y es una de las principales preocupaciones de los habitantes de Centroamérica. Además el pobre avance en la protección del medioambiente se contrasta con la voluntad de priorizar la cuestión por los habitantes de LAC en general. En estos objetivos, Centroamérica tienen las mismas calificaciones desfavorables que la región total.

El documento reporta que se espera que Honduras, Haití y Jamaica aumenten la proporción de individuos viviendo en barrios marginales, sin acceso a servicios básicos de alojamiento digno. De forma relacionada, las perspectivas de la evolución de las muertes violentas en los países de Centroamérica son crecientes, proyectando que más del 15 por ciento de las muertes en la sub-región se deban a situaciones violentas para 2030.

Centroamérica no fue evaluada con atención respecto a las medidas de cambio climático, dado que en general esos objetivos se fijaron para los países de ingreso medio y alto, que son los que tienden a tener mayores emisiones de gases invernaderos. Similarmente, evaluar los esfuerzos de conservación marítima es difícil, porque es complicado ligar las acciones de países en particular a eventos en los océanos.

Como se puede ver, las disparidades en las trayectorias de estas metas entre y dentro los países y sub-regiones son marcadas, con determinados factores jugando un papel vital en la probabilidad de un individuo en particular de beneficiarse del desarrollo. Al respecto, el reporte presta especial atención a estas diferencias. Se identifica especialmente al género como determinante de desigualdad, y causante de exclusión social. Además, identifica dinámicas de desigualdades inter-seccionales, es decir, un compuesto de características que refuerza dicha exclusión en un grupo de individuos, por ejemplo, etnias y lugar de residencia influyen aún más las limitaciones en el acceso a la educación para mujeres.

El reporte realiza al respecto un análisis profundo de la marginalización y etnias en Guatemala. En el mismo, los autores explican que la probabilidad de ser pobres en Guatemala depende de la etnicidad del individuo, por ejemplo, un individuo no indígena, solo tiene un 8 por ciento de probabilidad de ser pobre en 2011, contrastado con la estimación de casi un 25 por ciento si el individuo fuese Kaqchikel. Si además se incluye en el análisis la zona de residencia, se reporta que las mayores chances de ser pobre están asociadas con ser Qeqchi en la zona rural, 44 por ciento, y otros tipos de Mayas, también en zonas rurales, con un 29 por ciento.

Se puede ver que el documento realiza un análisis profundo y complejo en cuanto a la evolución proyectada para indicadores de desarrollo seleccionados de acuerdo con los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Puede consultar por más detalle el documento completo, en inglés, en el siguiente enlace.

 

Escrito por Florencia Paz, IFPRI. 

Crédito de la foto:Adriana Varón (CIAT)