Situación de la pobreza crónica en Centroamérica
Source: Banco Mundial
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La condición de pobreza crónica implica dos dimensiones simultáneas, la de una baja calidad de vida y que esta se haya mantenido a lo largo de la vida del individuo. Las complejidades de este concepto son abordadas en el libro Left Behind: Chronic Poverty in Latin America and the Caribbean. El libro, fue escrito por investigadores del Banco Mundial, y busca definir, identificar y proponer soluciones para los pobres crónicos en la región de Latinoamérica.

Se puede definir la pobreza crónica como la situación donde existe una falta de acceso a insumos y activos adecuados que faciliten la movilidad ascendente fuera de la pobreza, ya sea por falta de dotaciones en sí o limitaciones contextuales que no permiten el aprovechamiento. Tomando datos para el periodo comprendido entre 2004 y 2012, en el libro se identifican cinco hechos estilizados de la pobreza crónica en América Latina y el Caribe. El primero, define que en promedio, uno de cada cinco personas del continente sufre de esta condición. De los 17 países de Latinoamérica considerados, Guatemala es el país con mayor tasa de pobreza crónica (alrededor del 50 por ciento), con Honduras, Nicaragua y El Salvador muy cerca. Además, estos cuatro países reflejan altas tasas de movilidad descendiente, lo que significa que entre 2004 y 2012, en promedio alrededor del 10 por ciento de los no pobres cayeron en condición de pobreza.

El segundo hecho estilizado se refiere a que la pobreza crónica suele estar geográficamente concentrada. Al hacer un análisis subregional, 20 de las 187 regiones consideradas en América Latina y el Caribe concentran el 50 por ciento de los pobres crónicos. Sin embargo, los pobres crónicos pueden hallarse en zonas densamente pobladas con individuos no pobres, como sería el caso de ciudades metrópolis, donde se puedan encontrar barrios marginales establecidos.

La condición de pobreza crónica se hace presente tanto en el ámbito rural así como en el urbano, y esto se refleja en el tercer hecho estilizado. Sin embargo, los pobres crónicos suelen encontrarse con mayor incidencia en las áreas rurales, implicando que la urbanización conlleva la llegada de servicios básicos de forma democrática.

Esto se puede ejemplificar en Guatemala, donde la baja urbanización está relacionada con una dispersión geográfica de los pobres crónicos. Sin embargo, distritos crónicamente pobres tienen menos acceso a los servicios, evidenciando que la falta de infraestructura implica aislamiento geográfico y falta de acceso a mercados, lo que la persistencia de la pobreza crónica mediante la ausencia de oportunidades. De forma similar a lo discutido en nuestro sitio anteriormente, los autores asocian en Guatemala la condición de ruralidad con la etnicidad como factores de riesgo que afectan la probabilidad de ser pobre. En este país, los individuos que pertenecen a pueblos indígenas suelen tener una mayor incidencia de pobreza crónica, con 60 por ciento de los pobres crónicos concentrados en municipalidades cuya población es mayormente indígena.

El cuarto hecho estilizado infiere que el crecimiento económico en los países de por sí, no garantiza la salida de los pobres crónicos de la pobreza. Durante 2004 y 2012 el aumento de los ingresos medianos se dio en gran parte para los individuos que salieron de la pobreza, mientras los individuos que permanecieron pobres no observaron cambios considerables en sus ingresos. En el caso de El Salvador, es más, los ingresos de los pobres decrecieron en el período bajo estudio, mientras que los individuos que salieron de la pobreza aumentaron casi un 5 por ciento en promedio su ingreso. Además, los países que crecieron poco son aquellos que reportan mayores tasas de pobreza crónica; Guatemala, por ejemplo, en 2012, reportó también la tasa más baja de crecimiento del PBI per cápita, con menos del 1 por ciento anual.

Por otro lado, shocks que afectan el bienestar de los individuos suelen golpear más fuerte a los pobres crónicos. En Guatemala los datos muestran que el riesgo a tener falta de alimentos es casi un 100 por ciento en las municipalidades con mayor concentración de pobres crónicos y casi cero en las municipalidades con bajas tasas de pobreza, sin embargo, no encuentran una asociación clara entre sufrir un shock meteorológico y la condición de pobreza crónica. Esto refleja que no es la probabilidad de recibir un shock lo que define la pobreza crónica, sino las herramientas con las que los hogares cuentan para hacerle frente.

El último hecho estilizado refleja que los pobres crónicos en general tiene oportunidades de ingresos más limitadas. De acuerdo a los análisis llevados a cabo, el ingreso laboral fue la principal influencia para la reducción de la pobreza en el período analizado, pero los hogares pobres crónicos tienen menos miembros que participan en el mercado laboral y menor tasa de participación laboral femenina. Guatemala, Honduras y El Salvador, reportan tasas de participación laboral femenina de los hogares pobres crónicos de alrededor de un 40 por ciento, diez puntos menores que las observadas en los hogares no pobres. Los hogares pobres crónicos suelen entonces tener una mayor dependencia en el ingreso no laboral: en Guatemala, Honduras y El Salvador, este representa entre el 20 y 25 por ciento del ingreso del hogar, mientras que para los hogares que no se encuentran en la pobreza crónica, suele rondar entre el 10 al 15 por ciento. Además, al considerar el tipo de sector de empleo, se observa que regiones con alta concentración de empleados en sectores de la agricultura suelen tener mayores tasas de pobreza crónica que regiones donde se encuentre industria tecnológica.

Los autores también exploran las distintas características de los hogares que pueden facilitar o impedir la salida de la pobreza crónica. Estas características, conocidas como dotaciones suelen ser drásticamente diferentes entre pobres crónicos y no crónicos, aunque la evidencia muestra que no solo importan las características en sí, pero el contexto en el que se dan para poder ser aprovechadas. Así, los resultados señalan que es un aumento en los rendimientos a las dotaciones lo que facilitó la salida de la pobreza crónica, más que las dotaciones en sí. En el Salvador, de la diferencia de 10 puntos porcentuales del ingreso entre individuos que escaparon la pobreza y los crónicamente pobres, las características en sí explican menos del 2 por ciento del diferencial mientras que los rendimientos de estas características lo hacen en un 8 por ciento.

Es así como los autores a lo largo del libro marcan que, para salir de la pobreza, es necesaria el soporte institucional adecuado para cambiar contextos, dado que las falencias son estructurales. Posibles oportunidades se encuentran en el crédito y los seguros como forma de limitar la exposición al riesgo de los  pobres crónicos, tema explorado anteriormente en nuestro sitio. Otra área de altos beneficios es la educación, dado que limita la transmisión intergeneracional de la pobreza crónica y fomenta a las aspiraciones de los individuos.

Por más información, puede consultar el siguiente enlace por el folleto resumen en español, y el libro en su completitud en inglés aquí.

Escrito por Florencia Paz

Crédito de la foto:Banco Mundial