Estado de la seguridad alimentaria
Source: Prosalus
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La CEPAL, la FAO y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) han publicado un informe sobre el estado actual de la seguridad alimentaria y nutricional de la región, el cual contiene temas y elementos relacionados como la producción agrícola, el comercio agroalimentario, la lucha contra el cambio climático y la gestión de recursos naturales. Además de esto el documento presenta un diagnóstico de los avances alcanzados por la región en cuanto al Plan para la Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre, el cual es una herramienta desarrollada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para la erradicación total del hambre y la malnutrición.

El documento comienza por mostrar la evolución histórica en la región de la lucha contra el hambre, la desnutrición y otras variables asociadas. Según el documento, la seguridad alimentaria y nutricional de América Latina y el Caribe ha mostrado importantes avances en las últimas décadas ya que se ha reducido la proporción de personas que padecen de hambre, pasando de 14.7 por ciento en 1990 al 5.5 por ciento en 2016. Sin embargo, aún persisten marcadas diferencias entre las subregiones en cuanto a la proporción de personas subalimentadas, mientras que en la actualidad la proporción de subalimentados en Suramérica es menor al 5 por ciento, en Centroamérica es del 6.6 por ciento y en El Caribe es del 19.8 por ciento.

Otros aspectos de la seguridad alimentaria como la oferta, producción y acceso de los alimentos también han mejorado durante los últimos años en la región. La disponibilidad de calorías diarias por persona se ubica en la actualidad en 3.069, 15 por ciento más que en el año 1990 y superior al promedio mundial. Por su parte la producción de cereales para la temporada 2016-2017 se estima en 224 millones de toneladas mientras que en el año 2000 se produjeron menos de 150 toneladas.

En cuanto al acceso a los alimentos, entre 1990 y 2012, los niveles de pobreza e indigencia en América Latina y El Caribe se redujeron significativamente pasando de 48.4 por ciento a 28.2 y de 22.6 a 11.3 respectivamente. Aun así, de acuerdo a las más recientes estimaciones, a partir del 2013 esta tendencia cambió: entre 2014 y 2015 la pobreza aumentó un uno por ciento y la pobreza extrema aumentó un 0.6 por ciento. Por su parte, el coeficiente de Gini, que muestra el nivel de desigualdad de los ingresos, sigue siendo uno de los más altos del mundo con 0.491 en 2014.

Debido a la pobreza, desigualdad y mal aprovechamiento de los alimentos, la región continúa enfrentando importantes restricciones y retos para la erradicación del hambre y malnutrición. De acuerdo a información disponible en el documento, existe una relación directa entre la desnutrición y la incidencia de la extrema pobreza, siendo el caso más severo el de Guatemala, en donde la prevalencia de baja talla alcanza el 46,5 por ciento y la tasa de pobreza extrema es del 46,1%.

Sumado a lo anterior, el documento explica que en América Latina también se presenta un fenómeno conocido como “la doble carga de la malnutrición” el cual se caracteriza por la presencia de altas tasas de desnutrición y sobrepeso al mismo tiempo. 6.1 millones de personas presentan desnutrición crónica mientras que 3.9 millones presentan problemas de sobrepeso.

Con respecto al sector agrícola el documento presenta estadísticas sobre los precios de los alimentos, el progreso tecnológico y la remuneración de los hogares. El costo de los alimentos fue analizado por medio del Índice de Precios de los Alimentos de la FAO. Según este Índice entre 2010 y 2015, la región ha presentado una volatilidad alta especialmente en los precios de cereales, aceites y azucares, lo que puede repercutir en la productividad, innovación e inversión de los sectores.

El progreso tecnológico en la agricultura se analiza en el documento por medio de la productividad total de los factores (PTF) que permite inferir sobre los cambios del nivel de productividad. Entre 1981 y 2012 la producción agropecuaria en América Latina y el Caribe creció a una tasa media del 2,1 por ciento anual: el 1,2 por ciento fue debido a un crecimiento de la productividad y el 0,9 por ciento debido al mayor uso de insumos por trabajador. Sin embargo, este crecimiento no fue suficiente para cerrar la brecha de productividad agrícola con los países desarrollados.

Brasil fue el país de América Latina y el Caribe con el mayor incremento de la producción agropecuaria durante el periodo analizado. El documento explica que la existencia de una frontera agrícola aún en expansión, la incorporación de nuevas tierras a la producción y el aumento del acervo de capital (stock de capital) por trabajador explica este comportamiento. Por el contrario, para el caso de Centroamérica, el aumento de la producción se debió a un aumento del acervo de capital que promovió la contribución del uso de insumos en varios países de la subregión, como Panamá, Honduras, Costa Rica y El Salvador, en los cuales la expansión de la frontera agrícola es limitada.

Por otra parte, el documento contiene proyecciones climáticas en las que se muestran los países cuyos sectores agrícolas serán más afectados negativamente por el cambio climático, entre los que se encuentran El Salvador, Honduras y Nicaragua. De hecho para el caso de  Centroamérica, los aumentos de las temperaturas afectarían considerablemente el rendimiento por hectárea, tanto de maíz como de frijol, dos de los principales cultivos de la dieta subregional y principales productos de los agricultores de subsistencia que representan casi el 60 por ciento de los productores agrícolas de esta subregión. Adicionalmente se muestra un recuento de la ocurrencia de desastres para América Latina y el Caribe, y el manejo de la pesca y acuicultura en el contexto del cambio climático.

En la sección final del documento se hace una descripción de la agenda de políticas del Plan para la Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la CELAC 2025: I) Estrategias coordinadas de seguridad alimentaria a través de políticas públicas nacionales y regionales con enfoque de género y perspectiva de derechos; II) Acceso oportuno y sostenible a alimentos inocuos, adecuados, suficientes y nutritivos para todas las personas; III) Bienestar nutricional y aseguramiento de nutrientes, respetando la diversidad de hábitos alimentarios; IV) Producción estable y atención oportuna ante desastres de origen socio-natural que puedan afectar la disponibilidad de alimentos. Además se presentan cada una de las líneas de acción diseñadas para impactar los pilares y la manera en que estos se relacionan con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Escrito por: Juan Carlos Mora Betancourt.

 

Crédito de la foto:Prosalus