Clase media, pobreza y vulnerabilidad
Source: PBS News Hour
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La lucha contra la pobreza y la desigualdad en el territorio latinoamericano ha sido objeto de políticas generalizadas de una forma u otra en todos los países del continente. Siguiendo con la línea de las últimas publicaciones en nuestro sitio, la pobreza crónica ha tomado un lugar central en la discusión de políticas en la región. En una reciente publicación de la revista Latin American Economic Review Investigadores del Banco Interamericano de Desarrollo realizan un análisis donde observan que a pesar del progreso vivido entre 2000 y 2013, la región está caracterizada por vulnerabilidad que afecta principalmente a la incipiente clase media.

En general, los autores encuentran que el 65 por ciento de los individuos con un ingreso diario de entre 4 y 10 dólares, y el 14 por ciento de aquellos en la clase media, sufren pobreza en algún momento en un espacio de 10 años. Además, corroborando lo expuesto con anterioridad, la pobreza crónica tiene una firme presencia, significando el 91 por ciento de los pobres extremos y el 50 por ciento de los pobres moderados. En el reporte se analizan las diferencias entre áreas urbanas y rurales. Constituyen las áreas urbanas el hogar de la mayor parte de los pobres moderados y vulnerables, aunque suele también tener mayor movilidad económica.

El análisis se enfoca en dos dimensiones de la pobreza, la gravedad y su duración. La primera, clasifica un hogar en 5 categorías posibles de acuerdo a los ingresos percibidos: pobre extremo, pobre moderado, vulnerable, clase media, y clase alta. En cuanto a la duración, se puede dividir a la población en cuatro grupos: el pobre crónico (individuo pobre durante el primer año de los datos y por lo menos cinco años más de la década siguiente), el pobre transitorio (pobre el primer año, y menos de cuatro años en la década siguiente), el pobre futuro (individuo vulnerable, clase media o alta en el primer año pero experimenta una oportunidad de pobreza en la década siguiente) y el nunca pobre (cuyo ingreso nunca cayó por debajo de la línea de pobreza).

Los autores emplean datos de encuestas de hogares de doce países de Latinoamérica, incluyendo a Honduras y El Salvador, con datos anuales entre 2003 y 2013. La región en sí, es altamente heterogénea en cuanto a la transición socioeconómica, con países con alta proporción de clase media y alta, y otros como Guatemala y Honduras, donde más de la mitad de su población vive en pobreza extrema y la incidencia de la pobreza excede el 65 por ciento. Sin embargo, en todos los países, se encuentra una alta representación de individuos vulnerables, alrededor del 30 al 40 por ciento de la población.

Al incorporar al análisis la velocidad en que la transición socioeconómica se está dando, los autores encuentran que en Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, los pobres no tan solo representan una alta proporción de la población para 2013, sino que además, la reducción de la pobreza ha sido especialmente lenta (menos del 25 por ciento entre 2000 y 2013).

El análisis dinámico permite observar la movilidad de los ingresos. Además de la reducción generalizada de la pobreza, entre 2003 y 2013 hubo una considerable movilidad ascendente, en particular para los individuos que empezaron con una pobreza moderada. Estos individuos, en su mayoría terminaron en la categoría de vulnerables, aunque algunos se graduaron a la clase media. Esta dinámica no se observa en los casos de los pobres extremos, el 73 por ciento de los que se identificaron como tal en 2003 lo siguen siendo para 2013. En promedio, el 91 por ciento de los pobres extremos son crónicos, con poca heterogeneidad entre los países, por ejemplo, en Honduras y el Salvador, casi el 99 por ciento de los pobres extremos son también pobres crónicos.

Al profundizar el estudio de las características de los hogares pobres crónicos, pobres transitorios y no pobres para Honduras se busca identificar aquellos rasgos que pueden implicar mayor vulnerabilidad. De forma similar a aquellos pobres extremos, hogares pobres crónicos tienden a tener más miembros, más niños, menores niveles de educación, trabajo por cuenta propia, menos empleo asalariado y residencia rural. En Honduras, específicamente, ningún miembro de un hogar pobre crónico tiene siquiera educación secundaria completa, y su probabilidad de vivir en áreas rurales es 10 veces mayor que la de los no pobres. Como se discutió recientemente en nuestro sitio, bajo nivel de capital humano y el aislamiento geográfico implican un reto para las estrategias de graduación que se están implementando en la región.

Los autores también reconocen la rápida urbanización que la región ha vivido, con el 80 por ciento de la población latinoamericana congregada en centros urbanos. Sin embargo, la pobreza extrema suele concentrarse en las áreas rurales, donde la incidencia de la pobreza total en promedio excede el 50 por ciento. En Guatemala, El Salvador y Honduras, alrededor del 70 por ciento de los pobres extremos viven en áreas rurales. El surgimiento de la clase media es un fenómeno exclusivamente urbano, dado que el aumento de los ingresos en áreas rurales sólo se tradujo en un leve aumento en la clase vulnerable. El crecimiento de la clase media será lento en las zonas rurales, la clase vulnerable se espera que represente para 2025 el 47 por ciento de la población. Entre 2003 y 2013, sólo 15 por ciento de los pobres extremos rurales salieron de la pobreza, contrastado con el 35 por ciento de aquellos que viven en ciudades.

Finalmente, el riesgo de caer de la clase media hacia la clase vulnerable o incluso entrar en pobreza es más que el doble en regiones rurales que urbanas (44 por ciento versus 21). Esto fundamenta la necesidad de mantener redes de seguridad social para individuos que actualmente no se encuentren en situación de pobreza. En Honduras, por ejemplo, la probabilidad de que un hogar de la clase vulnerable haya caído en la pobreza al menos una vez entre 2001 y 2013 es del 47 por ciento, aunque para los hogares rurales aumenta a casi el 70 por ciento. Similarmente, en El Salvador estas cifras son del 25 por ciento para el total, y 42 por ciento para los hogares rurales.

Para analizar la información más detalladamente, puede consultar el documento original en el siguiente enlace.

Escrito por Florencia Paz.

Crédito de la foto:PBS News Hour