Pulso Social 2016: Realidades y Perspectivas
Source: Flickr user: Alejandro de León Fotografía
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La región latinoamericana ha hecho grandes avances en la lucha contra la pobreza en los últimos veinte años. Sin embargo, la característica más resaltante sigue siendo la amplia desigualdad. En el nuevo libro editado por el Banco Interamericano de Desarrollo, “Pulso social de América Latina y el Caribe 2016: Realidades y perspectivas” se analizan las tendencias en temas socio-económicos de 22 países de la región. Los resultados se mantienen en línea con lo comentado por nuestro portal en publicaciones anteriores.

A nivel regional, la mortalidad infantil ha caído mientras que, la esperanza de vida, el acceso a la educación primaria es total y el el tamaño de la clase media ha aumentado. Sin embargo, existen diferencias intra-regionales. Los países centroamericanos se encuentran consistentemente peor que sus contrapartes del resto de Latinoamérica. Por ejemplo, el ingreso familiar per cápita reportado en 2014fue en El Salvador de 3227 dólares, mientras que para Guatemala fue 2817 y 2615 en Honduras, muy por debajo del promedio latinoamericano de 5172. La creciente desigualdad también se manifestó en esta dimensión, con ingresos per cápita reportados para cada país alejándose cada vez más, los ratios entre los más ricos y pobres crecieron de 2.2 a 3.3 veces. Dentro de los países, Honduras es quien a su vez registra niveles más altos de desigualdad dentro de Latinoamérica, con un Gini de casi 60, mientras que el Salvador muestra la menor estadística con alrededor de 50.

En cuanto a la pobreza, como se dijo previamente, ha estado en continuo declive a nivel regional en los últimos quince años. Sin embargo, para los países de la región centroamericana, los avances han sido prácticamente nulos. De forma similar a lo discutido anteriormente sobre la pobreza crónica, más de la mitad de los pobres identificados viven en zonas rurales, caracterizados también por pertenecer a hogares más numerosos, tener tasas de participación laboral femeninas más bajas y menor acceso a la educación por sus miembros más jóvenes, así como falta de acceso al sistemas de pensiones por sus miembros mayores.

La región muestra claras mejoras en la extensión de cobertura de servicios de agua potable. Las diferencias no son tan sólo a través de los países, sino dentro de los mismos, con las áreas rurales encontrando mayores inconvenientes para acceder a servicios mejorados. En las mismas, es común encontrar servicios alternativos como ser manantiales protegidos, pozos cubiertos, letrinas mejor construidas. En El Salvador, sólo el 7.7 de los hogares en el decil más pobre tienen acceso a fuentes de agua de alta calidad, en Honduras es el 25 por ciento, mientras que Guatemala el 33 por ciento, muy por debajo del 62 por ciento que reporta para el promedio de más pobres en Latinoamérica. En cuanto al saneamiento, el 8.4 por ciento de los hogares en el decil más pobre tienen acceso a fuentes mejoradas, esto es casi el 13 por ciento para Honduras y el 17 por ciento en Guatemala, comparado con casi el 32 por ciento para el promedio de Latinoamérica.

Otro de los grandes avances emblemáticos se refiere a la lucha contra la desnutrición infantil crónica. En el último reporte del Índice Global del Hambre reportamos con detalle cómo han evolucionado cada uno de los países de interés, que en esta publicación se confirman.  En los últimos quince años, todos los países consistentemente vieron una caída en las tasas de desnutrición, aunque se destaca aún Guatemala con tasas de alrededor del 50 por ciento. En cuanto al acceso a la educación, también se observa en general que más niños de cuatro años asistieron a los establecimientos educativos, pero en Honduras y El Salvador el indicador es menor al 50 por ciento.

El reporte también analiza los efectos de las transferencias condicionadas. En la región, la implementación de este tipo de programa ha estado en sostenido crecimiento. Por ejemplo, en El Salvador y en Guatemala, los beneficiados por esta modalidad de programa son más que el total de pobres extremos, mientras que en Honduras sólo representa 32 por ciento lo está. Hemos también cubierto en nuestro sitio la necesidad por una evaluación sistémica de los mismos, dado que es necesario entender cómo la implementación de estas transferencias monetarias afecta otras dimensiones de los individuos, tanto sobre los indicadores objetivos así como otros efectos indirectos, como ser el mercado de trabajo.

Mucha de esta información puede resumirse en el índice de pobreza multidimensional, cuya elaboración explicamos previamente. El mismo, incluye distintas dimensiones del bienestar: desde acceso a la educación, participación laboral, acceso a servicios de saneamiento, y seguridad social. Guatemala, Honduras y el Salvador muestran los estadísticos más altos, donde más de la mitad de la población sufrió cuatro o más privaciones en dichas dimensiones durante 2014. La evolución de los indicadores de cada una de estas dimensiones explicada anteriormente se resume en una caída generalizada de este índice para los países de interés entre 2008 y 2014.

El reporte, también realiza un análisis exhaustivo en la estructura demográfica y su relación con la pobreza. Por ejemplo, Guatemala se encuentra en la etapa moderada de la transición demográfica, mientras que Honduras está en transición plena, y El Salvador en avanzada transición. Principalmente, los autores identifican el peso de la composición de los hogares con la capacidad de generar ingresos y por ende la pobreza: hogares con muchos dependientes (niños o ancianos, que se encuentran con más frecuencia en países en etapas tempranas de la transición, o transición muy avanzada con la población envejecida) son más vulnerables que aquellos compuestos por individuos capaces de participar en el mercado laboral.

Por más detalle e información, se puede consultar la publicación completa en el siguiente enlace.

Escrito por Florencia Paz. 

Crédito de la foto:Flickr user: Alejandro de León Fotografía