Transformación Rural en América Latina
Source: USAID
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El creciente aumento de la demanda por alimentos que acompañó el acelerado crecimiento de la población se reflejó en Latinoamérica en una transformación estructural de la producción rural. La región vio cambios extensivos así como intensivos, a través de inclusión de nuevas tierras a la producción así como mejoras en la productividad. El primer capítulo del quinto reporte anual de Desarrollo Rural del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD, por sus siglas en inglés) describe la evolución de dicha transformación rural en América Latina, enfocándose en los primeros diez años del siglo veintiuno.

En el reporte, se identifican la tipología de procesos de transformación en tres categorías: transformación estructural (disminución la participación del sector agrícola en el PBI), transformación rural (aumento del valor añadido del trabajo agrícola) e inclusión social (disminución de la tasa de pobreza rural).

Los autores denotan que países donde la pobreza rural ha caído coincidentemente han llevado a cabo una transformación rural o estructural rápida, aunque la relación no se observa al inverso. Además, la reducción acelerada de la pobreza se acompañó por la caída de la desigualdad. Por lo tanto, la transformación rural es necesaria para disminuir la pobreza rural, si este es uno del objetivos de cada país. Los autores observan sin embargo, que la reducción generalizada en toda la región de la desigualdad de los ingresos rurales está ausente en Centroamérica, donde es más, la desigualdad aumentó.

La intensificación de la agricultura en los noventa se reflejó a través de concentración de tierras con grandes corporaciones a cargo. Esto reflejó una nueva dimensión problemática, trabajadores migratorios sin tierra altamente vulnerables a la pobreza. Además, el crecimiento de la economía en la región se reflejó en los cambios estructurales esperados, con la proporción que la agricultura representa del PBI cayendo, mientras la de las manufacturas y servicios aumenta. Sin embargo, el boom de los cultivos primarios a principios de siglo veintiuno provocó lo contrario. Algunos países, como El Salvador y Nicaragua, se re-agriculturizaron, es decir, la importancia de este sector en la producción nacional aumentó. Sin embargo, el crecimiento del sector agrícola no se vio en un principio reflejado en la mejora de la población rural, con la cantidad de pobres virtualmente estable en casi 60 millones de personas para todo el continente.

La transformación estructural va de la mano con la urbanización. Esto es, a medida que los cambios estructurales se dan lugar, los individuos se mudan desde las zonas rurales hacia concentraciones urbanas, en general, donde están las mejores oportunidades laborales. Sin embargo, se observa que en América Latina, las economías rurales están diversificadas, casi el 50 por ciento del empleo rural es de naturaleza no agrícola.

Tal como lo discutimos previamente en nuestro sitio, se puede apuntar como uno de los causantes de la disminución de la pobreza y desigualdad a los programas de transferencias condicionadas. La disminución de la pobreza no fue homogénea en la población, en el reporte se discute que los hombres se vieron más beneficiados que las mujeres, con una feminización de la agricultura. Similarmente, la población indígena se encuentra marginalizada. Como se señaló previamente en nuestro portal, en Guatemala la pobreza es más alta entre individuos indígenas que en el resto de la población; sin embargo, la brecha entre los ingresos de dichos grupos es menor en las zonas rurales que en las zonas urbanas, aunque los niveles sean sustancialmente más bajos.

Se pueden clasificar a los países en base a la evolución de los indicadores de transformación estructural, rural y de inclusión. De esta forma, Honduras se encuentra en rápida transformación estructural y rural, pero lento avance en pobreza. Guatemala y El Salvador, por su parte, tienen rápida transformación estructural, pero lenta transformación rural y de inclusión social. Aún así, los tres países de la región de Centroamérica muestran altas tasas del empleo concentrado en el sector agrícola: Honduras concentra el 35 por ciento de los trabajadores en dicho sector, mientras que Guatemala el 32 y El Salvador 21. En cuanto a los responsables de dicha situación, los autores exploran los efectos de la liberalización del comercio y teorías institucionales. Sin embargo, aunque reconocen la falta de correlación entre la liberalización del comercio y la disminución de la pobreza y desigualdad, la necesidad por mejoras institucionales es claramente presente.

El reporte resalta la implementación de instituciones extractivas que priorizan la búsqueda de rentabilidad antes que mejoras de productividad, limitó la capacidad de crecimiento. Esto ha provocado que en América Latina, los pobres se encuentren con falta de posibilidades y con instituciones que favorecen la concentración de la riqueza antes que la inclusión. Además de recomendar políticas que corrijan estos incentivos. También se requiere especial atención a los otros sectores de la economía, dado que la región está en plena “desindustrialización prematura”, esto es una clara redirección de las inversiones en el sector manufacturero hacia agricultura industrializada.

Es así, que la agenda de desarrollo agrícola debe incluir, primero, la mejora de la competitividad agrícola tanto en los sectores corporativos así como de agricultura familiar, explotando la descentralización urbana para mejorar la diversificación de los ingresos agrícolas. Segundo, promover la reducción de la desigualdad económica rural. Finalmente, mejorar las políticas de protección social para aumentar su impacto y sostenibilidad.

Siguiendo la vena de la mejora de la productividad agrícola, cabe recordar que el día 4 de noviembre se realizó en la ciudad de Washington DC un evento donde responsables de política discutieron cómo promover la mecanización agrícola en el continente.

Por más información, se puede consultar el capítulo en su totalidad en el siguiente enlace, en inglés.

Escrito por Florencia Paz.

Crédito de la foto:USAID