La sequía en CAC promovió la migración
Source: USDA
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En labor conjunta con investigadores del IFPRI, se ha publicado recientemente un trabajo de investigación en la revista de Cambio Climático donde se explora la relación entre la migración y la sequía en Latinoamérica.

Los autores relacionan la información proveniente de censos de Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Haití, Jamaica, México, Nicaragua y Panamá con datos meteorológicos, para poder tener una idea de los patrones migratorios y su relación con factores climáticos. Al emplear varios censos por país, los autores pueden definir a un migrante si este se encuentra en una provincia diferente en censos consecutivos. Esta definición de migrante va a subestimar la escala de los desplazamientos, dado que ignora los movimientos dentro de las provincias, así como internacionales. Sin embargo, la migración internacional es menos común que la intra-nacional, dado que implica costos más altos, tanto culturales, así como económicos. Es más, movimientos de corta distancia son la respuesta general a cambios en el medio-ambiente. Por esto, se toman los resultados obtenidos por los autores como una cota inferior para la migración real.

En un primer análisis descriptivo, se observa que aproximadamente el 5 por ciento de las muestras se ha trasladado entre provincias dentro de cada país en un período de 5 años. La muestra está sesgada también hacia la población más joven, con el 35 por ciento de la misma contenida entre las edades de 25 a 35 años, mientras que el grupo etario mayor, de entre 56 a 65 años, sólo constituye el 9 por ciento de la muestra total. Además, en promedio, los individuos de la muestra tienen 7 años de educación y el 47 por ciento de los mismos son hombres.

En cuanto a los datos climáticos, en el trabajo se emplean los promedios de lluvia acumulada y de temperatura históricos para los últimos 20 años y para cada provincia proveniente de la base de datos de la Serie de Tiempo de la Unidad de investigación Climática de la Universidad de East Anglia. Las lluvias y temperatura anuales promedios para la muestra son de 1250 milímetros y 21.2 grados centígrados. Además, se incluye una información sobre la actividad de huracanes a través de promedios de las precipitaciones diarias (con datos de la NASA) ponderados por la población, que son promediados nuevamente mediante la cantidad de días al año que cada provincia fue afectada por un huracán de categoría 4 o mayor en el período de 7 años previos a cada censo para permitir movilidad retrasada. Al definir así, sólo una provincia fue afectada más de una vez por este tipo de evento. Al estandarizar estos valores para poder ser incluidos en una regresión, se observa que la intensidad promedio de un huracán (medido a través de la precipitación ponderada) tiene el valor de 0.29 desvíos estándares por arriba de la media.

Información sobre sequías se incluye de manera similar, a través del índice estandarizado de precipitación y evaporación (SPEI por sus siglas en inglés) de 12 meses, para cada provincia y año gracias a datos de la Base de Datos Internacional de Desastres (EM-DAT por sus siglas en inglés). Al estandarizar entonces, la intensidad de una sequía promedio es de 0.16 desvíos estándares por arriba de la media del SPEI. Además, se incluyen datos macroeconómicos del producto bruto interno y de asistencia humanitaria y de desarrollo recibida como variables de control.

A través de un diseño cuasi-experimental, donde se compara el cambio en la variable que captura la migración antes y después de un shock, que puede variar en intensidad. Los autores confirman la necesidad de incluir una mayor proporción de jóvenes en la muestra dado que son también los que tienen mayor probabilidad de migrar. Los supuestos entonces de los modelos incluidos implican que un shock afectará la situación de migración de forma más fuerte a un individuo cuya edad es entre 15 y 35 años que a uno mayor.

Los resultados entonces muestran que individuos más jóvenes son más probables de migrar como respuesta a un desastre natural que el grupo de individuos entre 56 y 65 años. Para el caso de las sequías incrementan la probabilidad de migrar en 7 personas cada mil, y en el caso de los huracanes en casi 3 personas por mil. Los autores no encuentran diferencias en los patrones migratorios causados por huracanes para cada grupo etario al diferenciar también por nivel de educación o sexo. Sin embargo, tanto hombres y mujeres suelen ser más sensibles a la sequía cuando más jóvenes son.

Al analizar los destinos, se observa que los grupos etarios con mayor riesgo de migración suelen destinarse a asentamientos fuera de las capitales provinciales y nacionales. El modelo construido así también prevé un aumento en la tasa de migración bajo la situación de sequía. Se estima que 4 personas cada mil de entre 15 y 25 años se mudarán afuera de la capital provincial en respuesta a un aumento de un desvío estándar de la intensidad de sequía. Además, estiman que una sequía provocaría que la población joven de la ciudad decline. En este caso, también encuentran que la educación favorece la migración dado que representan la transferibilidad de habilidades.

Al incorporar medidas de bienestar y riqueza del país a través de variables macroeconómicas, se encuentra que los jóvenes de países más ricos migran a proporciones más altas ante una sequía que un huracán. Esto se puede deber a que países más ricos tienen un mercado laboral más saludable para absorber los desplazamientos provocado por condiciones más secas. Además, la asistencia humanitaria mitiga la migración juvenil observada. Como escribimos en el portal con anterioridad, la protección social ofrece a los hogares vulnerables a la sequía alternativas para diversificar ingresos. Sin embargo, no pueden explicarse a los mecanismos de la migración causados por huracanes mediante ajustes al mercado de trabajo o restricciones crediticias dada su magnitud.

Este trabajo, entonces permite discernir que, ante sequías prolongadas, es productivo enfocar esfuerzos en retener la población más joven y de origen rural. Además, promover la compleción de la educación primaria favorece respuestas migratorias, probablemente dado que implica la transferibilidad de habilidades y mayores oportunidades de empleo. Los autores también encuentran que la distancia recorrida suele ser corta, probablemente para minimizar costos y buscar de trabajo cercano no-rural. Finalmente, los autores remarcan la necesidad de reforzar la protección social como herramienta de mitigación de la migración joven.

Escrito por Florencia Paz. 

Crédito de la foto:USDA